La homeostasis es la capacidad de un ser vivo de mantener su interior estable aunque el exterior cambie. Una persona tiene 37 grados en el desierto y en la nieve, la misma cantidad de azúcar en la sangre después de comer que después de ayunar un día, y la misma sal después de una comida salada que después de beber dos litros de agua. Nada de eso pasa solo: el cuerpo lo ajusta sin parar, y esa regulación es la homeostasis. La palabra viene del griego homoios, parecido, y stasis, estado.
La idea es de Claude Bernard, un fisiólogo francés del siglo XIX. Bernard observó que las células de un animal no viven en el mundo exterior, sino en un líquido interior, la sangre y el líquido que la rodea, y que ese medio interno se mantiene siempre igual. Su frase más citada dice que la constancia del medio interno es la condición de la vida libre: un animal puede vivir donde quiera precisamente porque lleva consigo su propio ambiente, y lo mantiene. El nombre lo puso más tarde el americano Walter Cannon, en 1926, y en 1932 explicó los mecanismos en un libro llamado La sabiduría del cuerpo.

El mecanismo casi siempre es el mismo, y se llama retroalimentación negativa. Hay un sensor que mide algo, un valor de referencia, y una respuesta que corrige la diferencia. Cuando la temperatura del cuerpo sube, unos sensores del cerebro lo notan y ponen en marcha el sudor y abren los vasos de la piel; la temperatura baja y el sudor para. Cuando baja, los vasos se cierran, la carne se pone de gallina y los músculos tiritan, que es una manera de producir calor. Es el mismo principio que un termostato, y por eso la temperatura de una persona sana no se mueve más de medio grado en todo el día.
Con el azúcar es igual. Después de comer, la glucosa de la sangre sube, el páncreas suelta insulina y las células la guardan; entre comidas baja, el páncreas suelta glucagón y el hígado la libera. Con el agua, un sensor de la concentración de la sangre regula la sed y cuánto orinan los riñones. Con el oxígeno, el ritmo de la respiración. Con la sal, el calcio, la acidez, la tensión, cada uno tiene su circuito, casi siempre con hormonas o nervios como mensajeros.

Hay también retroalimentación positiva, que hace lo contrario: amplifica en vez de corregir. Es rara, porque llevada al extremo es peligrosa, y se usa cuando hay que terminar algo rápido. En el parto, cada contracción hace que se suelte más hormona, que causa más contracciones, hasta que el bebé sale y el ciclo se corta. En la coagulación, cada paso activa el siguiente hasta que la herida se cierra.
La enfermedad es, muchas veces, una homeostasis rota. La fiebre es el termostato puesto más alto a propósito para combatir una infección. La diabetes es el circuito del azúcar sin insulina. La deshidratación y el golpe de calor son el sistema del agua o del calor desbordado. Y envejecer es, en parte, que todos esos circuitos responden cada vez más despacio y con menos margen.
El sistema endocrino – Los riñones y la excreción – La piel – El sistema nervioso – La sangre
Fuentes
- Claude BernardLeçons sur les phénomènes de la vie communs aux animaux et aux végétauxJ.-B. Baillière et fils, París1878
- Walter B. CannonThe Wisdom of the BodyW. W. Norton, Nueva York1932
- John E. Hall y Michael E. HallGuyton and Hall Textbook of Medical PhysiologyElsevier, Filadelfia, 14.ª edición2021