Todas las células del mundo se pueden repartir en dos grupos. Las procariotas no tienen núcleo: su ADN está suelto en el interior. Las eucariotas sí lo tienen: el ADN está guardado dentro de un núcleo con su propia envoltura. Las bacterias son procariotas. Los animales, las plantas, los hongos y los protozoos son eucariotas. Los nombres los propuso el biólogo francés Édouard Chatton en 1925, y vienen del griego: karyon es nuez o núcleo, pro es antes y eu es verdadero.
La diferencia no está solo en el núcleo. Una célula procariota es pequeña, de uno a unos pocos micrómetros, y por dentro es bastante simple: una membrana, casi siempre una pared rígida por fuera, el citoplasma con los ribosomas y el ADN, que suele ser una sola molécula en forma de anillo. No tiene compartimentos. Todo lo que hace, lo hace en el mismo espacio.

Una célula eucariota es entre diez y cien veces más grande y está llena de orgánulos, cada uno rodeado de su membrana y con su trabajo: el núcleo guarda el ADN, las mitocondrias producen energía, el retículo y el aparato de Golgi fabrican y empaquetan proteínas, los lisosomas digieren lo que sobra. Las células vegetales tienen además cloroplastos y una vacuola grande llena de agua. Su ADN es mucho más largo, está repartido en varios cromosomas y viene enrollado en proteínas.

Esa organización tiene ventajas. Al separar los procesos en compartimentos, una célula eucariota puede hacer muchas cosas a la vez sin que se molesten entre sí, y puede ser mucho más grande. Eso permitió algo que las procariotas nunca lograron del todo: juntarse en organismos de muchas células con tejidos y órganos distintos. Todos los seres vivos que se ven a simple vista son eucariotas.
Las procariotas, por su parte, ganan en otras cosas. Se reproducen muy rápido, algunas cada veinte minutos, y viven en sitios donde nada más aguanta: aguas hirviendo, sal, hielo, roca a kilómetros de profundidad. Son con diferencia los seres vivos más abundantes del planeta. En 1977 Carl Woese descubrió, comparando el ARN de sus ribosomas, que en realidad hay dos grupos de procariotas tan distintos entre sí como cada uno lo es de nosotros: las bacterias y las arqueas. Por eso hoy la vida se divide en tres dominios, no en dos.

Y las dos historias están conectadas. Las mitocondrias y los cloroplastos de las células eucariotas tienen su propio ADN en anillo y sus propios ribosomas, del tipo bacteriano. La explicación aceptada es que fueron bacterias que una célula primitiva se tragó hace unos dos mil millones de años y que se quedaron a vivir dentro. Cada una de nuestras células lleva así, en su interior, a los descendientes de esas procariotas.
La célula – El núcleo celular – Las bacterias – Las mitocondrias – Los reinos de los seres vivos
Fuentes
- Édouard ChattonTitres et travaux scientifiques (1906-1937)Impr. E. Sottano, Sète1938
- Carl R. Woese y George E. FoxPhylogenetic Structure of the Prokaryotic Domain: The Primary KingdomsProceedings of the National Academy of Sciences 74 (11)1977enlace
- Michael T. Madigan, Kelly S. Bender, Daniel H. Buckley, W. Matthew Sattley y David A. StahlBrock Biology of MicroorganismsPearson, Nueva York, 16.ª edición2021