Los riñones son los órganos que limpian la sangre. Cada célula del cuerpo produce desechos, sobre todo urea, que sale de romper las proteínas, y si se acumularan serían venenosos. Los riñones los sacan de la sangre y los disuelven en agua, y eso es la orina. Pero su trabajo es más fino que tirar basura: deciden cuánta agua, cuánta sal y cuánto de cada cosa se queda en el cuerpo, y así mantienen la sangre siempre igual.
Son dos, con forma de judía, del tamaño de un puño, uno a cada lado de la columna a la altura de las últimas costillas. Por ellos pasa una cuarta parte de toda la sangre que bombea el corazón, unos mil doscientos litros al día, aunque solo pesan trescientos gramos. De cada riñón sale un tubo, el uréter, que lleva la orina a la vejiga, donde se guarda hasta que se vacía por la uretra.

Dentro de cada riñón hay alrededor de un millón de unidades de filtrado, las nefronas. Cada una empieza con un ovillo de capilares muy finos metido en una cápsula. La presión de la sangre empuja el agua y todo lo pequeño que lleva disuelto, sal, azúcar, urea, a través de las paredes del ovillo hacia la cápsula; las células y las proteínas grandes se quedan. Ese filtrado es enorme: unos ciento ochenta litros al día, casi toda el agua del cuerpo cuatro veces.
Lo que sigue es lo ingenioso. El filtrado recorre un tubo largo y sinuoso, y a lo largo de él las células de la pared recuperan lo que el cuerpo quiere: toda la glucosa, casi toda la sal y el 99 por ciento del agua, que vuelven a la sangre. Lo que queda, litro y medio de agua con urea, ácidos y lo que sobra, es la orina. Cuando hay más azúcar del que el tubo puede recuperar, como en la diabetes, sale en la orina, y de ahí viene el nombre antiguo de la enfermedad: orina de miel.

Cuánta agua se recupera depende de una hormona que fabrica el cerebro cuando la sangre está demasiado concentrada. Con sed, la hormona sube, el riñón retiene agua y la orina sale poca y oscura. Después de beber mucho, la hormona baja y la orina sale abundante y clara. El alcohol bloquea esa hormona, y por eso la cerveza hace orinar más de lo que se ha bebido y da resaca por deshidratación. Otras hormonas ajustan la sal y el potasio, y el propio riñón fabrica una que sube la tensión y otra que manda a la médula ósea fabricar glóbulos rojos.
Cuando los riñones fallan, los desechos se acumulan y en pocos días la persona muere. La diálisis hace su trabajo desde fuera: la sangre pasa por una máquina con una membrana que deja escapar la urea y las sales sobrantes, tres veces por semana, cuatro horas cada vez. El trasplante de riñón fue el primer trasplante de órgano que funcionó, en 1954, entre dos gemelos idénticos, y hoy es el más común. Se puede vivir bien con uno solo.
Un fisiólogo de los riñones, Homer Smith, decía que la composición de la sangre no la decide lo que se come, sino lo que los riñones dejan quedarse. Es una buena manera de entender la homeostasis.
La homeostasis – La sangre – El sistema circulatorio – El sistema endocrino – El sistema digestivo
Fuentes
- Homer W. SmithFrom Fish to PhilosopherLittle, Brown, Boston1953
- John E. Hall y Michael E. HallGuyton and Hall Textbook of Medical PhysiologyElsevier, Filadelfia, 14.ª edición2021
- Gerard J. Tortora y Bryan DerricksonPrinciples of Anatomy and PhysiologyWiley, Hoboken, 16.ª edición2020