El sistema nervioso es la red que conecta todas las partes del cuerpo y las coordina. Recibe información de fuera, por los sentidos, y de dentro, de cada órgano; la procesa; y manda órdenes a los músculos y a las glándulas. Lo hace con señales eléctricas que viajan por neuronas a más de cien metros por segundo, y por eso se puede retirar la mano de una estufa antes de haber sentido el calor.
Tiene dos partes. El sistema nervioso central son el cerebro y la médula espinal, protegidos por el cráneo y la columna vertebral. El periférico son los nervios que salen de ellos y llegan a todo el cuerpo: doce pares desde el cerebro, para la cara y los sentidos, y treinta y un pares desde la médula, para el tronco y las extremidades. Un nervio es un cable formado por miles de fibras de neuronas, unas que llevan información hacia dentro y otras que llevan órdenes hacia fuera.

La médula espinal es un cordón del grosor de un dedo que baja por dentro de la columna. Por ella suben las sensaciones y bajan las órdenes, pero además decide cosas por su cuenta. Un reflejo, como el de retirar la mano o el de la rodilla que salta cuando el médico la golpea, no pasa por el cerebro: la señal entra por un nervio, cruza la médula y sale hacia el músculo en unas milésimas de segundo. El cerebro se entera después. Charles Sherrington, que estudió los reflejos a principios del siglo XX, mostró que todo el sistema funciona combinando circuitos así, unos que excitan y otros que frenan.

Otra división es entre lo que se controla y lo que no. La parte somática lleva las sensaciones conscientes y mueve los músculos que obedecen a la voluntad. La parte autónoma se ocupa de todo lo demás sin preguntar: el ritmo del corazón, la digestión, la respiración, el tamaño de la pupila, el sudor. A su vez tiene dos ramas que hacen lo contrario. La simpática prepara para la acción: acelera el corazón, dilata las pupilas, para la digestión y manda sangre a los músculos; es lo que se siente ante un susto. La parasimpática hace lo contrario cuando pasa el peligro: frena el corazón y pone en marcha el estómago.
Dentro del sistema, las señales son eléctricas, pero entre una neurona y la siguiente hay un hueco, y ahí la señal se convierte en química: la neurona suelta una sustancia, el neurotransmisor, que la siguiente recibe. Muchos medicamentos y drogas actúan justo en ese hueco: los antidepresivos, los anestésicos, la cafeína, el alcohol, la morfina. Y algunas enfermedades, como el párkinson, son la falta de uno de esos mensajeros en una zona concreta.
El sistema nervioso es el que peor se repara. Las neuronas del cerebro y la médula apenas se dividen, y una fibra cortada en la médula no vuelve a crecer; por eso una lesión de la médula deja parálisis. Los nervios periféricos sí pueden regenerarse, despacio, un milímetro al día.
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Fuentes
- Eric R. Kandel, John D. Koester, Sarah H. Mack y Steven A. SiegelbaumPrinciples of Neural ScienceMcGraw Hill, Nueva York, 6.ª edición2021
- Charles S. SherringtonThe Integrative Action of the Nervous SystemYale University Press, New Haven1906
- Mark F. Bear, Barry W. Connors y Michael A. ParadisoNeuroscience: Exploring the BrainWolters Kluwer, Filadelfia, 4.ª edición2016