La hibernación

Qué hace el cuerpo de un animal que hiberna: la temperatura cae, el corazón casi se para y la grasa dura meses. Marmotas, osos, murciélagos y la medicina.

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La hibernación es la manera que tienen algunos animales de pasar el invierno apagándose casi del todo. No es dormir. Una marmota que hiberna baja su temperatura de 37 grados a 5, su corazón pasa de doscientos latidos por minuto a cinco, respira una vez cada varios minutos y gasta la centésima parte de la energía que gastaría despierta. Así, con la grasa que acumuló en verano, aguanta seis o siete meses sin comer ni beber en una madriguera bajo la nieve. Es la solución al problema del invierno para quien no puede migrar: si no hay comida, deja de necesitarla.

Solo los animales de sangre caliente hibernan en sentido estricto, porque son los que mantienen una temperatura alta que cuesta energía. Los reptiles, los anfibios y los insectos se quedan fríos en invierno porque no pueden evitarlo, y eso se llama brumación o letargo, no hibernación; la rana de bosque de Canadá se congela de verdad, con el corazón parado y el cuerpo lleno de un anticongelante de glucosa, y se descongela en primavera. Entre los mamíferos hibernan las marmotas, los lirones, los erizos, las ardillas de tierra, muchos murciélagos y un solo primate, un lémur de Madagascar. Entre las aves, solo el chotacabras de Nuttall, de los desiertos de Norteamérica.

El oso es un caso aparte y muy discutido. Baja la temperatura solo unos grados, de 37 a 31, porque un cuerpo tan grande tardaría semanas en volver a calentarse, pero reduce el metabolismo a un cuarto, no come, no bebe, no orina ni defeca durante cinco o seis meses, y recicla la urea de la orina para fabricar proteína y no perder músculo. Las osas paren en pleno invierno y amamantan sin despertarse del todo. Cómo aguanta un oso medio año tumbado sin perder hueso ni músculo, cuando una persona encamada pierde ambos en semanas, es una de las preguntas que la medicina quiere resolver.

Lo que pasa dentro es un ajuste fino, no un fallo. El animal decide bajar la temperatura, la baja de forma controlada, y la mantiene en el nuevo punto; si la madriguera se enfría demasiado, cerca de la congelación, se calienta un poco. Cada dos o tres semanas se despierta de golpe, sube a 37 grados en unas horas gastando una parte importante de su grasa, se queda unas horas despierto, a veces duerme de verdad, y vuelve a bajar. Nadie sabe con certeza para qué sirven esos despertares; se cree que para reparar daños, dormir o reactivar el sistema inmunitario, que a baja temperatura no funciona. El despertar final lo dispara el reloj interno, que sigue contando en la oscuridad, y las hormonas del calor lo hacen quemando una grasa especial, la grasa marrón, que produce calor directamente en vez de guardarlo.

El coste es alto. Un animal hibernando no puede huir, y muchos mueren en la madriguera devorados. La grasa tiene que bastar hasta que haya comida, y un invierno largo o un otoño malo lo matan; los murciélagos de Norteamérica están muriendo a millones porque un hongo que crece en el frío de sus cuevas les irrita la piel y los despierta demasiadas veces, y cada despertar gasta lo que no tienen. A cambio, los que hibernan viven mucho: las especies hibernantes viven de media el doble que las de su tamaño que no lo hacen, porque durante medio año no envejecen apenas.

La medicina mira la hibernación con interés desde hace tiempo. Enfriar a un paciente unos grados tras un paro cardíaco o un ictus reduce el daño cerebral, y ya se hace. Lo que se busca es más: una manera de poner un cuerpo humano en el estado de la marmota, con la homeostasis fijada en otro punto, para un trasplante que espera, un herido lejos de un hospital o un viaje largo. Los genes que la hibernación usa los tenemos también nosotros; lo que no sabemos es cómo encenderlos.

La homeostasis – La migración de los animales – El reloj biológico – Los mamíferos – Los murciélagos

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Fuentes

  1. Fritz GeiserMetabolic Rate and Body Temperature Reduction During Hibernation and Daily TorporAnnual Review of Physiology 662004enlace
  2. Hannah V. Carey, Matthew T. Andrews y Sandra L. MartinMammalian Hibernation: Cellular and Molecular Responses to Depressed Metabolism and Low TemperaturePhysiological Reviews 83 (4)2003enlace
  3. Charles P. Lyman, John S. Willis, André Malan y Lawrence C. H. WangHibernation and Torpor in Mammals and BirdsAcademic Press, Nueva York1982
Laura I Telleria (2025). "La hibernación". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-hibernacion/

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