La vida en el desierto

Cómo viven plantas y animales donde casi no llueve: cactus que guardan agua, ratas que no beben, camellos, zorros de orejas grandes y la noche como refugio.

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Un desierto es un lugar donde llueve menos de 250 milímetros al año, y a menudo mucho menos: en partes del Atacama chileno no ha llovido en décadas. Cubren una tercera parte de la superficie de los continentes, desde el Sáhara, que tiene el tamaño de Estados Unidos, hasta los desiertos fríos de Asia Central y la Antártida, que técnicamente es el mayor de todos. Nada vive allí con facilidad, y sin embargo casi todos los desiertos están habitados por plantas y animales que han resuelto el mismo problema de tres maneras: conseguir agua, no perderla y no morir de calor.

Las plantas lo tienen más difícil porque no pueden moverse ni esconderse. Los cactus de América y las euforbias de África, que no son parientes pero se parecen por convergencia, han perdido las hojas, por donde se escapa el agua, y hacen la fotosíntesis con el tallo, que es un depósito: un saguaro puede almacenar varias toneladas de agua y engorda visiblemente tras una tormenta. Abren los poros de noche, cuando hace fresco, para coger el dióxido de carbono, y lo guardan hasta el día para usarlo con la luz. Las espinas son hojas convertidas en defensa y también en sombra. Otras plantas mandan raíces a treinta metros hasta el agua del fondo, o las extienden en superficie para coger la lluvia antes de que se evapore. Y muchas ni siquiera lo intentan: pasan años como semilla, esperan una lluvia de verdad y en tres semanas brotan, florecen, fructifican y mueren, cubriendo el desierto de flores.

Los animales tienen la noche. El desierto de día está a 45 grados y de noche puede bajar a cero, y casi todo lo que vive allí es nocturno y pasa el día enterrado, donde a treinta centímetros la temperatura es constante y el aire, húmedo. La rata canguro de los desiertos de Norteamérica, que Knut Schmidt-Nielsen estudió en los años cincuenta, no bebe nunca. Vive de semillas secas, saca el agua de quemar el almidón, ya que el metabolismo produce agua, no suda, y sus riñones concentran la orina hasta cuatro veces más que los nuestros. Su nariz enfría el aire que sale y condensa el vapor antes de que se pierda.

El camello no hace nada de eso, y su secreto es otro: aguanta. Deja que su temperatura suba seis grados durante el día antes de empezar a sudar, y la baja de noche, ahorrando así litros de agua; puede perder un cuarto de su peso en agua sin que se le espese la sangre, cosa que a una persona la mataría a partir de un doce por ciento; y cuando llega al agua bebe cien litros en diez minutos. La joroba es grasa, no agua, y sirve para concentrar la reserva en un sitio en vez de llevarla como abrigo por todo el cuerpo. El zorro del desierto tiene orejas enormes con las que irradia calor, y los animales del desierto son en general más pálidos y de patas más largas que sus parientes de otros sitios, para reflejar el sol y alejarse de la arena caliente.

Hay soluciones más raras. El escarabajo del Namib se sube a las dunas al amanecer, cuando llega la niebla del mar, y la condensa sobre su caparazón, hecho de bultos que atraen el agua y valles que la repelen, para que las gotas le rueden hasta la boca. El diablo espinoso australiano tiene la piel surcada de canales que llevan el rocío hasta la boca por capilaridad. Las ranas del desierto australiano se entierran envueltas en un capullo de su propia piel, con la vejiga llena de agua, y pueden esperar años a la siguiente lluvia; los aborígenes las desenterraban para beber.

El desierto es también frágil. La vida está ajustada a lo poco que hay, y el sobrepastoreo, los pozos que bajan el agua del fondo y los vehículos que rompen la costra del suelo hacen un daño que tarda siglos en repararse. Y avanza: la desertificación, la conversión de tierras secas pero vivas en desierto por el mal uso y el cambio del clima, afecta a un tercio de la tierra cultivable del mundo. Lo que hace a los seres del desierto admirables, la eficiencia extrema, es también lo que los deja sin margen.

La adaptación – Los biomas – Los riñones y la excreción – La homeostasis – La semilla y la germinación

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Fuentes

  1. Knut Schmidt-NielsenDesert Animals: Physiological Problems of Heat and WaterClarendon Press, Oxford1964
  2. David WardThe Biology of DesertsOxford University Press, Oxford2009
  3. Park S. NobelEnvironmental Biology of Agaves and CactiCambridge University Press, Cambridge1988
Laura I Telleria (2025). "La vida en el desierto". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-vida-en-el-desierto/

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