La piel es el órgano más grande del cuerpo: unos dos metros cuadrados y entre tres y cuatro kilos. Es la frontera con el exterior, y hace todo lo que una frontera tiene que hacer: impide que salga el agua y que entren los microbios, protege de los golpes y del sol, regula la temperatura, y está llena de sensores que dicen qué está tocando el cuerpo. Es también el único órgano que se ve entero, y por eso es donde primero se notan muchas enfermedades.
Tiene tres capas. La de fuera es la epidermis, de menos de un milímetro, y no tiene vasos sanguíneos. Sus células nacen en el fondo, van subiendo mientras se llenan de queratina, la misma proteína del pelo y las uñas, mueren por el camino y llegan a la superficie como escamas secas y planas que se desprenden. Todo el viaje dura un mes; cada persona pierde así unos cuarenta mil células por minuto, y buena parte del polvo de una casa son escamas de piel. Por ese recambio constante una rozadura se cura sola y sin cicatriz.

Debajo está la dermis, más gruesa, hecha de tejido conectivo: fibras de colágeno que dan resistencia y fibras elásticas que hacen que la piel vuelva a su sitio al estirarla. Con los años se pierden y la piel se arruga. En la dermis están los vasos, los nervios, los folículos de los pelos y las glándulas: las del sudor, unos tres millones, y las del sebo, que engrasan el pelo y la piel. Y debajo de todo, la hipodermis, una capa de grasa que aísla del frío, amortigua y guarda energía.

La piel es el principal radiador del cuerpo. Cuando hace calor, los vasos de la dermis se abren y la sangre pasa cerca de la superficie para soltar calor, y el sudor, al evaporarse, enfría; una persona puede sudar más de un litro por hora. Cuando hace frío, los vasos se cierran, la piel palidece, y los músculos diminutos de los pelos los levantan, que en un animal peludo atrapa aire y abriga y en nosotros solo pone la carne de gallina.
El color lo da la melanina, un pigmento que fabrican unas células del fondo de la epidermis y que absorbe la radiación ultravioleta del sol antes de que dañe el ADN de las células de debajo. Todas las personas tienen el mismo número de esas células; lo que cambia es cuánta melanina producen. Las pieles oscuras evolucionaron donde el sol es más fuerte, y las claras donde hay poco sol, porque la piel necesita algo de ultravioleta para fabricar vitamina D. El bronceado es la piel fabricando melanina a toda prisa después de un daño, y la quemadura, ese daño. Con los años, el sol acumulado arruga la piel y, cuando el ADN de una célula se rompe demasiadas veces, aparece un cáncer de piel.
En la piel están los sensores del tacto, la presión, el calor, el frío y el dolor, miles por centímetro cuadrado en la punta de los dedos y muy pocos en la espalda. Y es una barrera contra los microbios no solo porque esté cerrada: su superficie es ácida y seca, y está cubierta de bacterias propias que no dejan sitio a otras. Por eso una quemadura grande, que destruye la barrera, mata sobre todo por infección y por pérdida de agua.
Los tejidos – La homeostasis – El sistema inmunitario – La sangre – Las mutaciones
Fuentes
- Gerard J. Tortora y Bryan DerricksonPrinciples of Anatomy and PhysiologyWiley, Hoboken, 16.ª edición2020
- Nina G. JablonskiSkin: A Natural HistoryUniversity of California Press, Berkeley2006
- Michael H. Ross y Wojciech PawlinaHistology: A Text and AtlasWolters Kluwer, Filadelfia, 8.ª edición2020