La sangre es un tejido líquido que recorre todo el cuerpo llevando lo que cada célula necesita y recogiendo lo que le sobra. Una persona adulta tiene unos cinco litros, que el corazón hace circular enteros cada minuto. Más de la mitad es un líquido amarillento, el plasma; el resto son células que flotan en él. Si se deja reposar un tubo de sangre con anticoagulante, se separa sola en dos capas, y esa es la primera manera de verlo.
El plasma es agua en un noventa por ciento. En ella van disueltas proteínas, sales, azúcar, grasas, hormonas, vitaminas y los desechos que van hacia los riñones. Entre las proteínas están los anticuerpos, las que hacen coagular y la albúmina, que retiene el agua dentro de los vasos.

Los glóbulos rojos son las células más numerosas del cuerpo: unos cinco millones en cada milímetro cúbico, veinticinco billones en total. Son discos hundidos por el centro, sin núcleo, llenos de hemoglobina, una proteína con hierro que se pega al oxígeno en los pulmones y lo suelta en los tejidos. La hemoglobina es roja cuando lleva oxígeno y más oscura cuando no, y por eso la sangre de las arterias es más clara que la de las venas. Un glóbulo rojo vive unos cuatro meses; la médula de los huesos fabrica dos millones cada segundo para reponerlos, y el bazo destruye los viejos.
Los glóbulos blancos son mucho menos, uno por cada setecientos rojos, y son las células del sistema inmunitario. Los hay de varias clases: unos se comen a los microbios, otros fabrican anticuerpos, otros matan a las células infectadas. Usan la sangre como carretera y salen de ella atravesando la pared de los capilares hacia donde hay una infección. El pus de una herida son glóbulos blancos muertos en combate.
Las plaquetas son fragmentos de célula, más pequeños todavía, y sirven para tapar agujeros. Cuando un vaso se rompe, se pegan al borde de la herida y entre sí, y ponen en marcha una cadena de reacciones que convierte una proteína del plasma en hilos de fibrina. Los hilos forman una red, atrapan glóbulos y la sangre se cuaja: es el coágulo, y luego la costra. En la hemofilia falta una de las proteínas de esa cadena y las heridas no cierran.
Cada persona tiene un grupo sanguíneo, que depende de unas moléculas en la superficie de los glóbulos rojos. En el sistema principal hay cuatro: A, B, AB y O. Si se transfunde sangre de un grupo incompatible, los anticuerpos del receptor atacan a los glóbulos nuevos y los aglutinan, con consecuencias graves. Lo descubrió Karl Landsteiner en 1901 mezclando la sangre de sus compañeros de laboratorio, y desde entonces las transfusiones son seguras. El grupo O puede darse a todos y el AB puede recibir de todos. Aparte está el factor Rh, positivo o negativo, que importa sobre todo en los embarazos.
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Fuentes
- Karl LandsteinerÜber Agglutinationserscheinungen normalen menschlichen BlutesWiener klinische Wochenschrift 141901
- John E. Hall y Michael E. HallGuyton and Hall Textbook of Medical PhysiologyElsevier, Filadelfia, 14.ª edición2021
- Gerard J. Tortora y Bryan DerricksonPrinciples of Anatomy and PhysiologyWiley, Hoboken, 16.ª edición2020