Las bacterias son seres vivos de una sola célula, sin núcleo, tan pequeños que en un milímetro caben mil en fila. Son los organismos más abundantes y más antiguos de la Tierra: están en el suelo, en el agua, en el aire, a kilómetros bajo tierra, en el hielo y en el agua hirviendo. En un gramo de tierra de jardín hay más que personas en el mundo. Y en el cuerpo humano hay aproximadamente tantas bacterias como células propias, casi todas en el intestino.
Por dentro son sencillas. Tienen una membrana, una pared rígida por fuera que les da forma, y dentro el citoplasma con los ribosomas y el ADN, que es una sola molécula en forma de anillo, suelta. Muchas tienen además anillos pequeños de ADN extra, los plásmidos, que se pasan unas a otras como quien presta un libro, y por ahí viaja por ejemplo la resistencia a los antibióticos. Algunas tienen uno o varios flagelos, colas que giran como una hélice, y nadan con ellos.

Se reproducen partiéndose en dos. En buenas condiciones, algunas lo hacen cada veinte minutos, y con ese ritmo una sola daría en un día una masa mayor que la Tierra si nada la frenara. Algo la frena siempre: se acaba la comida o se acumulan los desechos. Como se copian a sí mismas, todas las hijas son iguales, salvo por las mutaciones, y ese ritmo de copia es lo que las hace evolucionar tan deprisa.

Se alimentan de casi todo. Unas hacen fotosíntesis, como las cianobacterias, que fueron las que llenaron de oxígeno la atmósfera hace más de dos mil millones de años. Otras sacan energía de minerales, del hierro o del azufre. La mayoría descomponen materia orgánica: son, con los hongos, los descomponedores que reciclan todo lo que muere. Sin ellas, el nitrógeno del aire no llegaría nunca a las plantas, no habría yogur, queso, vinagre ni chucrut, y las vacas no podrían digerir la hierba.

Una minoría causa enfermedades: la tuberculosis, el cólera, la peste, el tétanos, la mayoría de las neumonías y de las infecciones de heridas. Que eso lo hacían las bacterias se demostró en la década de 1870, cuando Robert Koch cultivó la del carbunco, la inyectó en ratones sanos y los vio enfermar de lo mismo. Sus reglas para probar que un microbio causa una enfermedad se siguen usando. Y de la misma época, con Pasteur, viene la idea de que las infecciones se pueden evitar lavándose las manos y esterilizando.

Las bacterias del cuerpo, la microbiota, se han convertido en uno de los temas más estudiados de la medicina. Ayudan a digerir, fabrican vitaminas, entrenan al sistema inmunitario y ocupan el sitio para que no lo ocupen otras peores. Un tratamiento largo con antibióticos las barre, y por eso a veces sienta mal al estómago.
La célula procariota y la eucariota – Pasteur y la teoría de los gérmenes – Los antibióticos – Los virus – Los reinos de los seres vivos – El ciclo del nitrógeno
Fuentes
- Robert KochDie Aetiologie der TuberculoseBerliner Klinische Wochenschrift 191882
- Michael T. Madigan, Kelly S. Bender, Daniel H. Buckley, W. Matthew Sattley y David A. StahlBrock Biology of MicroorganismsPearson, Nueva York, 16.ª edición2021
- Ron Sender, Shai Fuchs y Ron MiloRevised Estimates for the Number of Human and Bacteria Cells in the BodyPLOS Biology 14 (8)2016enlace