Un virus es un paquete diminuto de instrucciones, un trozo de ADN o de ARN, envuelto en una cápsula de proteína y a veces en un trozo de membrana robada. No tiene células, no come, no respira, no crece y no puede copiarse solo. Lo único que sabe hacer es entrar en una célula y engañarla para que fabrique copias de él. Fuera de una célula es una partícula inerte; dentro, se multiplica por miles en pocas horas.
Son mucho más pequeños que una bacteria: entre cien y mil veces. Por eso tardaron en descubrirse. En 1892 el ruso Ivanovski vio que el jugo de una planta de tabaco enferma seguía contagiando después de pasar por un filtro que retenía todas las bacterias. En 1898 el holandés Beijerinck repitió el experimento y concluyó que había algo más pequeño que una bacteria, que solo se multiplicaba dentro de la planta viva; lo llamó virus, que en latín quiere decir veneno. Nadie vio uno hasta 1939, con el microscopio electrónico.

Cada virus infecta a un tipo de célula concreto, porque su cápsula tiene que encajar con algo de la superficie de esa célula, como una llave. El de la gripe entra en las células de la nariz y los pulmones; el del sida, en un tipo de glóbulo blanco; los bacteriófagos, en bacterias. Una vez dentro, el virus suelta su ADN o su ARN, y la célula, que no distingue esas instrucciones de las suyas, se pone a fabricar las proteínas del virus y a copiar su genoma. Las piezas se ensamblan solas, y los virus nuevos salen, a menudo rompiendo la célula, y buscan la siguiente.

Que estén vivos o no es una discusión antigua y un poco vacía. Tienen genes, evolucionan y se reproducen, pero no tienen metabolismo ni células. La mayoría de los biólogos los dejan en el borde: no son seres vivos, pero son parte de la vida. Lo que sí está claro es que son lo más abundante que hay: en un litro de agua de mar hay unos diez mil millones, sobre todo bacteriófagos, y matan cada día a una parte importante de las bacterias del océano.

Contra los virus los antibióticos no sirven, porque atacan cosas que tienen las bacterias, como la pared o los ribosomas, y un virus no tiene nada de eso. Tomar antibióticos para un resfriado o una gripe no hace nada, salvo seleccionar bacterias resistentes. Lo que funciona son las vacunas, que enseñan al sistema inmunitario a reconocer al virus antes de que llegue, y unos pocos antivirales que bloquean una enzima del virus, como los que han convertido el sida en una enfermedad crónica.
Los virus también han sido útiles. Los bacteriófagos sirvieron para descubrir que el ADN es el material de la herencia. Los virus desactivados se usan para meter genes en células enfermas, que es la base de la terapia génica. Y una parte de nuestro propio genoma, alrededor del ocho por ciento, son restos de virus que se integraron en el ADN de nuestros antepasados hace millones de años y se quedaron.
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Fuentes
- Martinus BeijerinckÜber ein Contagium vivum fluidum als Ursache der Fleckenkrankheit der TabaksblätterVerhandelingen der Koninklijke Akademie van Wetenschappen te Amsterdam 651898
- Jane Flint, Vincent R. Racaniello, Glenn F. Rall, Theodora Hatziioannou y Anna Marie SkalkaPrinciples of VirologyASM Press, Washington, 5.ª edición2020
- Dorothy H. CrawfordViruses: A Very Short IntroductionOxford University Press, Oxford, 2.ª edición2018