Los reinos son las cajas más grandes en que se reparten los seres vivos. Durante dos mil años hubo dos, porque era lo que se veía: animales, que se mueven y comen, y plantas, que están quietas y crecen. Linneo mantuvo esa división en el siglo XVIII. El problema empezó con el microscopio: los seres diminutos que aparecían en una gota de agua no eran claramente ni una cosa ni la otra.
El primero en abrir una tercera caja fue Ernst Haeckel, en 1866. Puso en ella a todos los seres de una sola célula y la llamó Protista. Haeckel dibujó además el primer árbol de la vida con forma de árbol de verdad, con un tronco y tres ramas gruesas, y la costumbre de dibujarlo así viene de él.

En el siglo XX se hicieron dos separaciones más. Los hongos, que se habían tratado como plantas porque no se mueven, resultó que no hacen fotosíntesis, se alimentan absorbiendo lo que hay a su alrededor y tienen paredes de un material distinto: pasaron a un reino aparte. Y las bacterias, que no tienen núcleo, se separaron de todo lo demás. Robert Whittaker lo ordenó en 1969 en el sistema de cinco reinos que todavía se enseña: Monera, las bacterias; Protista, los seres de una célula con núcleo, como las amebas y muchas algas; Fungi, los hongos; Plantae, las plantas; y Animalia, los animales.
El criterio de Whittaker era práctico: cuántas células tiene el organismo, si tiene núcleo y de qué se alimenta. Las plantas fabrican su comida con luz, los animales comen otros seres y los hongos absorben lo que descomponen. Es fácil de entender y por eso sigue en los libros de texto. Pero no refleja bien el parentesco, que es lo que la clasificación moderna quiere reflejar.
La revolución llegó en 1977. Carl Woese comparó, en organismos muy distintos, la secuencia de un ARN que todas las células tienen, el de los ribosomas, y encontró que las bacterias no eran un grupo: unas cuantas, que vivían en sitios extremos, como aguas hirvientes o salinas, eran tan diferentes del resto como el resto lo es de nosotros. Las llamó arqueas. En 1990 propuso que por encima de los reinos hay tres dominios: Bacteria, Archaea y Eukarya. Todo lo que tiene núcleo, de la ameba al elefante, está en el tercero. Los cuatro reinos de Whittaker con núcleo caben en una sola rama; las otras dos son enteras de microbios.
Y dentro de Eukarya el reino Protista se ha deshecho. Las amebas, las algas y los protozoos no son un grupo, sino un cajón donde se metió todo lo que no era planta, animal ni hongo; el ADN muestra que están repartidos por muchas ramas, algunas más cerca de las plantas y otras de los animales. Hoy se habla de media docena de supergrupos, y la lista cambia cada pocos años.
Lo que no cambia es la lección: la mayor parte de la diversidad de la vida es microscópica. Animales y plantas, que son lo que vemos, son dos ramitas pequeñas al final de un árbol que es casi todo de seres de una sola célula.
La clasificación de los seres vivos – La célula procariota y la eucariota – Las bacterias – Los hongos – Los protozoos y las algas
Fuentes
- Robert H. WhittakerNew Concepts of Kingdoms of OrganismsScience 163 (3863)1969enlace
- Carl R. Woese, Otto Kandler y Mark L. WheelisTowards a Natural System of Organisms: Proposal for the Domains Archaea, Bacteria, and EucaryaProceedings of the National Academy of Sciences 87 (12)1990enlace
- Ernst HaeckelGenerelle Morphologie der OrganismenGeorg Reimer, Berlín1866