El ADN, ácido desoxirribonucleico, es la molécula en la que todos los seres vivos guardan las instrucciones para construirse y funcionar. Está en el núcleo de cada una de nuestras células, y también, suelto, en cada bacteria. Es un texto escrito con un alfabeto de solo cuatro letras, y ese texto se copia cada vez que una célula se divide y se transmite de padres a hijos. Lo que somos, en gran parte, está escrito ahí.
La molécula es larguísima y muy fina. Si se estirara el ADN de una sola célula humana mediría unos dos metros; el de todas las células del cuerpo llegaría hasta el Sol y volvería muchas veces. Está hecha de una cadena de piezas repetidas, los nucleótidos. Cada uno tiene un azúcar, un fosfato y una de cuatro bases: adenina, timina, guanina y citosina, que se abrevian A, T, G y C. El orden de las bases a lo largo de la cadena es el mensaje.

Lo descubrió en 1869 el suizo Friedrich Miescher, en el pus de unas vendas, y lo llamó nucleína porque venía del núcleo. Durante décadas nadie pensó que fuera importante: parecía demasiado simple, con solo cuatro piezas, para guardar algo tan complejo como la herencia. Se creía que ese papel lo tenían las proteínas. En 1944 Oswald Avery demostró que lo que convertía a una bacteria inofensiva en otra peligrosa era el ADN, y en 1952 Hershey y Chase confirmaron que los virus infectan inyectando solo su ADN. La molécula tonta era el texto.
Lo que faltaba era saber cómo era. En 1953 James Watson y Francis Crick, usando una fotografía de rayos X tomada por Rosalind Franklin, propusieron la estructura: dos cadenas enrolladas una alrededor de la otra en forma de doble hélice, como una escalera de caracol. Los peldaños son las bases, y la clave es que se emparejan siempre igual: A con T y G con C. Eso significa que cada cadena contiene la información para reconstruir la otra. Watson y Crick lo dijeron en una sola frase al final de su artículo: no se les había escapado que ese emparejamiento sugería un mecanismo de copia.

Y así es. Para copiarse, la doble hélice se abre como una cremallera y cada cadena sirve de molde: donde hay una A se coloca una T, donde hay una G una C, y al final hay dos hélices donde había una, cada una con una cadena vieja y una nueva. Ese proceso es la replicación y ocurre antes de cada mitosis. Una máquina de proteínas lo hace a unos mil peldaños por segundo y se equivoca menos de una vez cada mil millones.
Para usar la información, la célula no lee el ADN directamente. Copia un trozo, un gen, en una molécula parecida y más corta, el ARN, y ese mensaje sale del núcleo y sirve de guía para fabricar una proteína. Tres letras de ADN equivalen a un aminoácido de la proteína. Esa correspondencia es el código genético, y es el mismo en una bacteria, en un árbol y en una persona, lo que dice que todos venimos de un mismo antepasado.
Como cada persona tiene un ADN distinto, salvo los gemelos idénticos, comparar unos pocos tramos muy variables permite identificar a alguien con seguridad. La primera vez que se usó en un juicio fue en 1986, en Inglaterra, en el caso de Colin Pitchfork.
El ARN – Los genes y los alelos – Los cromosomas – La síntesis de proteínas – El genoma humano
Fuentes
- James D. Watson y Francis H. C. CrickMolecular Structure of Nucleic Acids: A Structure for Deoxyribose Nucleic AcidNature 171 (4356)1953enlace
- Oswald T. Avery, Colin M. MacLeod y Maclyn McCartyStudies on the Chemical Nature of the Substance Inducing Transformation of Pneumococcal TypesJournal of Experimental Medicine 79 (2)1944enlace
- James D. Watson, Tania A. Baker, Stephen P. Bell, Alexander Gann, Michael Levine y Richard LosickMolecular Biology of the GenePearson, Nueva York, 7.ª edición2014