Nadie sabe cómo empezó la vida, pero se sabe bastante sobre cuándo, dónde pudo ser y qué pasos tuvo que dar. La Tierra tiene unos 4.500 millones de años. Los fósiles más antiguos que no se discuten son de bacterias de hace 3.500 millones, y hay señales químicas de vida algo anteriores. Así que en menos de mil millones de años, en un planeta recién enfriado, bombardeado por meteoritos y sin oxígeno en el aire, pasó de no haber nada vivo a haber células que ya funcionaban como las de hoy.
La primera idea seria la propuso Darwin de pasada en una carta de 1871: un charco pequeño y caliente, con amoníaco, sales, luz y electricidad, donde se formara químicamente una proteína lista para cambios más complejos. En los años veinte, el ruso Oparin y el inglés Haldane la desarrollaron: la atmósfera primitiva no tenía oxígeno, y en esas condiciones los rayos y la luz ultravioleta podían fabricar moléculas orgánicas que se irían acumulando en el mar hasta formar una sopa.

En 1953 Stanley Miller, un estudiante de veintitrés años, lo puso a prueba. Metió en un aparato de vidrio agua, metano, amoníaco e hidrógeno, lo calentó y le hizo saltar chispas durante una semana. El agua se volvió marrón, y al analizarla encontró varios aminoácidos, las piezas de las proteínas. Era la primera vez que se fabricaban moléculas de la vida a partir de nada vivo, y fue portada en todo el mundo. Después se ha visto que la atmósfera primitiva no era exactamente esa, pero el resultado se sostiene: con mezclas más realistas salen aminoácidos, azúcares y las bases del ADN. También llegan del espacio, en los meteoritos.
Fabricar las piezas es lo fácil. Lo difícil es cómo se juntaron en algo que se copiara a sí mismo. Aquí entra el ARN. En los años ochenta se descubrió que el ARN no solo guarda información, como el ADN, sino que también puede hacer reacciones, como las enzimas. Eso resuelve un problema de huevo y gallina: hoy hace falta ADN para fabricar proteínas y proteínas para copiar el ADN, y ninguno pudo aparecer antes que el otro. Una molécula que hiciera las dos cosas sí pudo. Es la hipótesis del mundo de ARN, y en el laboratorio se han hecho ya ARN que copian trozos de otros ARN.

Sobre el dónde, el candidato que más se discute hoy no es el charco de Darwin sino el fondo del mar. En 1977 se descubrieron las chimeneas hidrotermales, grietas por donde sale agua caliente cargada de minerales, con ecosistemas enteros que viven sin luz. Algunas, las alcalinas, tienen paredes de roca porosa llenas de celdillas diminutas, con calor, hidrógeno y una diferencia química entre el interior y el exterior que se parece a la que usan todas las células para hacer energía. Sería un sitio protegido donde las moléculas se concentran en vez de dispersarse.
Y sobre el quién, el ADN dice algo claro. Todos los seres vivos comparten el mismo código genético, las mismas veinte piezas para las proteínas y la misma química básica. Eso significa que descendemos de un único antepasado común, que se suele llamar LUCA, y que era ya una célula bastante completa. Lo que hubo antes, entre la química y LUCA, es lo que sigue sin saberse.
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