Las mitocondrias son los orgánulos donde la célula saca la energía de los alimentos. Son pequeñas, alargadas, y una célula puede tener desde unas pocas hasta miles: una célula del hígado tiene alrededor de mil, y una del músculo del corazón, que no puede parar nunca, tiene todavía más. Se las suele llamar las centrales de energía de la célula, y la comparación es buena: reciben combustible, lo queman poco a poco con oxígeno y entregan la energía en una forma que el resto de la célula puede gastar, una molécula llamada ATP.
Ese proceso es la respiración celular. La glucosa que viene de la comida se rompe primero en el citoplasma, y los trozos entran en la mitocondria, donde se terminan de descomponer hasta dióxido de carbono y agua. Los electrones que se liberan por el camino pasan por una cadena de proteínas de la membrana interna, y ese paso se usa para fabricar ATP. Cuando respiramos, el oxígeno que tomamos va a parar a las mitocondrias, y el dióxido de carbono que soltamos sale de ellas.

Tienen dos membranas. La de fuera es lisa. La de dentro está llena de pliegues, llamados crestas, que le dan mucha superficie en poco espacio, y es ahí donde están las proteínas que hacen el trabajo. El espacio interior, la matriz, contiene enzimas, ribosomas y una cosa sorprendente: su propio ADN, pequeño y en forma de anillo, distinto del ADN del núcleo.
Ese ADN propio fue la pista principal para entender de dónde vienen. En 1967 Lynn Margulis propuso que las mitocondrias fueron, hace unos dos mil millones de años, bacterias libres que una célula más grande se tragó y no digirió. Las dos salieron ganando: la bacteria tenía casa y comida, y la célula tenía una fuente de energía mucho mejor que la suya. Con el tiempo la bacteria perdió casi todos sus genes, que pasaron al núcleo, y se convirtió en un orgánulo. Al principio la idea pareció descabellada; hoy es la explicación aceptada, y lo mismo se cuenta de los cloroplastos de las plantas.

Las mitocondrias se heredan solo de la madre. El óvulo aporta cientos de miles; el espermatozoide lleva unas pocas en la cola y se pierden en la fecundación. Por eso el ADN mitocondrial sirve para seguir la línea materna de una familia a lo largo de generaciones, y por eso una enfermedad causada por un defecto en ese ADN la transmite la madre a todos sus hijos, pero solo las hijas la pasan a la generación siguiente.
Además de producir energía, las mitocondrias participan en algo que parece lo contrario: la muerte ordenada de la célula. Cuando una célula está dañada o ya no hace falta, la mitocondria suelta una señal que pone en marcha su desmontaje limpio. Ese mecanismo, la apoptosis, es el que quita las membranas entre los dedos de un embrión y el que falla en muchos cánceres.
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Fuentes
- Lynn Sagan (Margulis)On the Origin of Mitosing CellsJournal of Theoretical Biology 14 (3)1967enlace
- Nick LanePower, Sex, Suicide: Mitochondria and the Meaning of LifeOxford University Press, Oxford2005
- Bruce Alberts, Rebecca Heald, Alexander Johnson, David Morgan, Martin Raff, Keith Roberts y Peter WalterMolecular Biology of the CellW. W. Norton, Nueva York, 7.ª edición2022