La adaptación

Una adaptación es un rasgo que la selección natural ha moldeado porque ayuda a sobrevivir o reproducirse. Ejemplos, cómo se demuestra y por qué no todo lo es.

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Una adaptación es un rasgo de un ser vivo que la selección natural ha ido moldeando porque ayuda a sobrevivir o a reproducirse en un ambiente concreto. La grasa y el pelaje blanco del oso polar, el cuello de la jirafa, el pico del colibrí, el veneno de la serpiente, la raíz profunda de la planta del desierto, los ojos enormes del búho: cada uno es la respuesta a un problema que el ambiente ha puesto una y otra vez durante miles de generaciones. La palabra quiere decir ajuste, y eso es lo que son: ajustes acumulados.

Conviene decir enseguida lo que no es. Un individuo no se adapta en el sentido evolutivo. Una persona que sube a vivir a los Andes fabrica más glóbulos rojos en unas semanas, y eso es aclimatación, un cambio en el cuerpo que no pasa a los hijos. Los pueblos que llevan milenios en el Tíbet tienen en cambio variantes genéticas que les permiten vivir con menos oxígeno sin espesar la sangre, y eso sí es adaptación. La diferencia es que la segunda está en los genes y se ha seleccionado; la primera es la flexibilidad que ya tenía el cuerpo. Tampoco se adapta nadie porque quiera o lo necesite: la jirafa no estiró el cuello, como pensaba Lamarck; las jirafas de cuello algo más largo dejaron más hijos, durante mucho tiempo.

Demostrar que un rasgo es una adaptación cuesta más de lo que parece. Peter y Rosemary Grant lo han hecho midiendo pinzones en una isla de las Galápagos cada año desde 1973. En la sequía de 1977 murieron el 85 por ciento de los pájaros, y sobrevivieron los de pico grande, capaces de partir las semillas duras que quedaban; al año siguiente los picos de la población eran de media un cinco por ciento mayores. En 1983 llovió a mares, abundaron las semillas pequeñas, y la selección fue al revés. El pico es una adaptación al alimento, y se ve cambiar de una generación a otra, en direcciones distintas según el año.

Las adaptaciones son también compromisos. Un rasgo bueno para una cosa suele ser malo para otra, y lo que se selecciona es el mejor equilibrio, no la perfección. El pavo real arrastra una cola que lo hace más lento porque le da parejas, en la selección sexual. El gen de la anemia falciforme se mantiene en África porque protege de la malaria en una dosis y mata en dos. Las hembras de mosquito que ponen muchos huevos viven menos. Y la evolución trabaja siempre a partir de lo que ya hay, no desde cero: nuestro ojo tiene la retina montada al revés, con los cables por delante, y un punto ciego donde salen, porque así se montó en un antepasado y arreglarlo habría exigido pasar por versiones peores. El ingeniero lo haría de otra manera; la selección no puede.

Hay que resistir la tentación de ver adaptaciones en todo. Stephen Jay Gould y Richard Lewontin criticaron en 1979 lo que llamaron el programa adaptacionista, la costumbre de inventar una función para cada rasgo. Muchos rasgos son consecuencias de otros, como los espacios triangulares entre los arcos de una cúpula, que no se diseñaron sino que salen solos al poner los arcos. El color rojo de la sangre no es una adaptación; es lo que ocurre cuando el hierro se une al oxígeno. La barbilla humana quizá sea solo el resultado de que la cara se acortó. Y buena parte de la variación entre poblaciones es deriva, azar sin función.

La prueba más limpia de una adaptación es la convergencia: si en el desierto aparecen una y otra vez, en linajes que no se conocen, las mismas hojas pequeñas, la misma piel gruesa, la misma actividad nocturna, la misma orina concentrada, es que el desierto las exige. Y la otra es hacer el experimento, como los Grant, o como quien cría bacterias en el laboratorio y las ve adaptarse a un veneno en semanas. Lo que no se puede hacer es dar el rasgo por adaptado porque parezca útil. Que algo parezca hecho a medida es la observación de la que parte la biología, no su conclusión.

La selección natural – La evolución convergente – La selección sexual – La deriva genética – La vida en el desierto

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Fuentes

  1. Peter R. Grant y B. Rosemary GrantUnpredictable Evolution in a 30-Year Study of Darwin's FinchesScience 296 (5568)2002enlace
  2. Stephen Jay Gould y Richard C. LewontinThe Spandrels of San Marco and the Panglossian Paradigm: A Critique of the Adaptationist ProgrammeProceedings of the Royal Society B 205 (1161)1979enlace
  3. George C. WilliamsAdaptation and Natural SelectionPrinceton University Press, Princeton1966
Laura I Telleria (2025). "La adaptación". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-adaptacion/

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