La etología es la ciencia que estudia el comportamiento de los animales en su ambiente natural, y por qué se comportan así. La palabra viene del griego ethos, carácter o costumbre. Nació en Europa en los años treinta, sobre todo con el austríaco Konrad Lorenz y el holandés Niko Tinbergen, como reacción a una psicología que estudiaba ratas en cajas y a una zoología que solo miraba anatomía. Los etólogos salieron al campo a mirar gansos, gaviotas, peces y avispas, y preguntaron qué hacían y para qué servía.
Lo primero que encontraron fue que buena parte del comportamiento es innato. Un pollo de gaviota recién salido del huevo picotea la mancha roja del pico de su madre sin haberlo visto nunca; un pájaro criado solo, en una jaula, construye el nido de su especie a la primera; una araña teje su tela sin que nadie le enseñe. Tinbergen llamó a esas conductas fijas pautas de acción, y demostró que las dispara un estímulo concreto y a menudo simple. Un modelo de cartón con una mancha roja hacía picotear a los pollos igual que la madre real, y un macho de pez espinoso atacaba a cualquier cosa roja por abajo, incluidos los camiones de correos que pasaban por la ventana.
Lorenz descubrió la impronta. Los patitos y los gansos siguen a lo primero que ven moverse en las horas siguientes a salir del huevo, y lo tratan como madre para siempre; Lorenz se hizo seguir por gansos que lo tomaban por su madre, y las fotos de él nadando con ellos detrás dieron la vuelta al mundo. Lo importante era que se trataba de un aprendizaje, pero con reglas fijas: solo en un periodo corto, irreversible y sin premio ni castigo. Innato y aprendido no eran opuestos; el instinto decía qué aprender y cuándo.
Tinbergen puso orden en las preguntas, en un artículo de 1963 que sigue siendo la carta fundacional. Ante cualquier conducta hay que preguntar cuatro cosas: qué la causa ahora, qué hormonas, qué estímulos; cómo se desarrolla en la vida del animal, qué es innato y qué aprende; para qué sirve, qué ventaja da en la supervivencia y la reproducción; y cómo evolucionó, de qué conducta ancestral viene. Las dos primeras son las causas próximas y las dos últimas las lejanas, y una respuesta a una no sustituye a la otra. Que un pájaro cante porque le sube la testosterona en primavera y que cante para atraer pareja son las dos verdad. Lorenz, Tinbergen y Karl von Frisch, el de la danza de las abejas, compartieron el Nobel de 1973, el único que se ha dado al estudio del comportamiento animal.
Desde los años setenta la etología se volcó en la tercera pregunta, con las herramientas de la evolución. Se convirtió en ecología del comportamiento, y con ella llegaron las ideas que hoy la definen: por qué las hembras eligen, en la selección sexual; por qué los animales cooperan y ayudan a parientes, con la teoría del parentesco de William Hamilton; qué hace que una señal sea honesta, en la comunicación; cómo decide un animal cuánto tiempo buscar comida en un sitio antes de irse a otro. Se descubrió que los animales tienen cultura, que los primates hacen política y que las hormigas deciden en colectivo.
También se aprendió a desconfiar de dos errores opuestos. Uno es proyectar en el animal lo humano, ver amor, venganza o duelo donde puede no haberlo. El otro, el que Lorenz y Tinbergen combatieron, es negar por principio que el animal tenga estados internos, y tratarlo como una máquina. La etología actual trabaja entre los dos, con experimentos que preguntan al animal lo que sabe: si se reconoce en el espejo, si entiende lo que otro ve, si recuerda dónde escondió la comida y cuándo. Y devolvió a la biología una pregunta que la anatomía había dejado fuera: no solo cómo está hecho un animal, sino cómo vive.
La comunicación animal – La selección sexual – Los primates – Las abejas – La adaptación
Fuentes
- Niko TinbergenThe Study of InstinctClarendon Press, Oxford1951
- Niko TinbergenOn aims and methods of EthologyZeitschrift für Tierpsychologie 20 (4)1963enlace
- Konrad LorenzEr redete mit dem Vieh, den Vögeln und den FischenBorotha-Schoeler, Viena1949