Un fósil es cualquier resto o señal de un ser vivo del pasado que se ha conservado en la roca. Puede ser un hueso, una concha, un diente, una hoja, la huella de una pisada, un insecto atrapado en ámbar o incluso un excremento. La ciencia que los estudia es la paleontología, y son la única prueba directa de cómo era la vida antes de que hubiera nadie para verla. La palabra viene del latín fossilis, lo que se desentierra.
Convertirse en fósil es muy raro. Casi todo lo que muere se lo comen los carroñeros y lo descomponen los microbios, y en pocos años no queda nada. Para que algo se conserve tiene que quedar enterrado deprisa, normalmente en el barro del fondo de un lago, un río o el mar, donde no llega el oxígeno. Las partes blandas desaparecen igual; lo que queda son las duras, huesos, dientes y conchas. Con el tiempo, el agua que se filtra por la roca sustituye poco a poco el material original por minerales, y el hueso se convierte en piedra con la forma exacta del hueso.

Por eso el registro fósil está lleno de huecos: casi todos los seres que han vivido no han dejado rastro, y los animales de cuerpo blando, o los que vivían en sitios donde no se forma roca, apenas aparecen. Aun así, se conocen cientos de miles de especies fósiles y cada año se describen más. Y a veces un sitio excepcional conserva lo que normalmente se pierde: las plumas de Archaeopteryx, las medusas de Burgess Shale o insectos con todas sus patas dentro de ámbar.

Los fósiles cambiaron la idea que se tenía del mundo. A principios del siglo XIX, Georges Cuvier estudió en París huesos de elefantes fósiles y demostró que no eran de ninguna especie viva: eran de mamuts y mastodontes, y se habían extinguido. Hasta entonces se pensaba que ninguna especie podía desaparecer. Poco después, en la costa inglesa, una joven llamada Mary Anning encontró los primeros esqueletos completos de ictiosaurios y plesiosaurios, reptiles marinos que no se parecían a nada vivo. La Tierra había tenido otros habitantes, y muchos.

Saber la edad de un fósil tiene dos caminos. El primero es el orden de las capas: en una roca sedimentaria, las capas de abajo son más antiguas que las de arriba, y ciertos fósiles muy comunes marcan cada época como un sello. El segundo es la radiactividad: algunos elementos de la roca se descomponen a un ritmo fijo y conocido, y midiendo cuánto queda se calcula cuánto tiempo ha pasado. Así se sabe que los primeros fósiles de bacterias tienen unos tres mil quinientos millones de años, que los dinosaurios desaparecieron hace 66 millones y que los primeros humanos tienen unos trescientos mil.
Para la teoría de la evolución, los fósiles son la prueba de que las especies cambian y de que las formas intermedias existieron. Se han encontrado peces con patas, reptiles con plumas, ballenas con piernas y toda la serie que va de un mamífero del tamaño de un zorro al caballo actual. Darwin se quejaba de lo incompleto que era el registro; hoy es mucho más completo y cuenta la misma historia.
Los dinosaurios – La teoría de la evolución de Darwin – La evolución humana – La extinción de las especies – El origen de la vida
Fuentes
- Georges CuvierRecherches sur les ossemens fossiles de quadrupèdesDeterville, París1812
- Donald R. ProtheroBringing Fossils to Life: An Introduction to PaleobiologyColumbia University Press, Nueva York, 3.ª edición2013
- Shelley EmlingThe Fossil Hunter: Dinosaurs, Evolution, and the Woman Whose Discoveries Changed the WorldPalgrave Macmillan, Nueva York2009