Un ecosistema es un lugar con todo lo que vive en él y todo lo que lo rodea, funcionando como una unidad: las plantas, los animales, los hongos y los microbios, más el suelo, el agua, el aire, la luz y la temperatura, y todas las relaciones entre ellos. Puede ser grande, como un bosque o un mar, o pequeño, como una charca o un tronco podrido. La palabra la propuso el botánico inglés Arthur Tansley en 1935, y la idea de fondo es que para entender a un ser vivo hay que mirar el sistema entero del que forma parte.
Tiene dos clases de componentes. Los vivos, que los ecólogos llaman bióticos, y los no vivos, abióticos: el clima, el tipo de suelo, la cantidad de agua, la luz que llega, la sal, la altura. Los segundos deciden quién puede vivir ahí, y los primeros a su vez cambian los segundos: un bosque hace su propio suelo, retiene su propia humedad y suaviza su propia temperatura. Un ecosistema no es una lista de especies, sino lo que hacen juntas.

Lo que mantiene en marcha cualquier ecosistema es la energía, y la energía entra casi siempre por un solo sitio: la luz del sol, que las plantas y las algas convierten en azúcar con la fotosíntesis. Ellas son los productores. De ellas comen los herbívoros, de estos los carnívoros, y de todos los que mueren, los descomponedores. En cada paso se pierde la mayor parte de la energía en forma de calor, y por eso hay muchas plantas, menos herbívoros y muy pocos grandes carnívoros: se necesitan hectáreas de hierba para mantener a una vaca y muchas vacas para mantener a un lobo. Esa es la cadena alimentaria, y la energía la recorre en un solo sentido y se gasta.

La materia, en cambio, da vueltas. El carbono, el nitrógeno, el fósforo y el agua pasan del suelo o el aire a las plantas, de las plantas a los animales, y vuelven al suelo cuando los descomponedores los liberan, para empezar otra vez. Son los ciclos de la materia, y en un ecosistema sano casi nada se pierde: la hoja que cae es el abono del árbol del año siguiente. Eugene Odum, que escribió en 1953 el primer manual de ecología, puso esos flujos de energía y materia en el centro de la disciplina.
Los ecosistemas cambian. Se recuperan de un incendio o de una tormenta con una sucesión de especies que se van sustituyendo, y tienen cierta capacidad de aguantar perturbaciones. Pero tienen límites, y cuando se cruzan, cambian de golpe a otra cosa: un lago claro se vuelve verde y sin oxígeno si le llega demasiado abono, un arrecife se convierte en roca cubierta de algas si el agua se calienta unos grados, un bosque se convierte en sabana si se corta más de la cuenta.
Y hacen cosas por nosotros que casi nunca se cuentan: fabrican el oxígeno, limpian el agua, forman el suelo, polinizan los cultivos, controlan las plagas, frenan las inundaciones y guardan el carbono. Son los servicios de los ecosistemas, y ponerles precio ha sido una manera de que aparezcan en las cuentas.
La cadena alimentaria – Ciclos de la materia – La sucesión ecológica – Los biomas – Biodiversidad – Medio ambiente
Fuentes
- Arthur G. TansleyThe Use and Abuse of Vegetational Concepts and TermsEcology 16 (3)1935enlace
- Eugene P. OdumFundamentals of EcologyW. B. Saunders, Filadelfia1953
- Michael Begon, Colin R. Townsend y John L. HarperEcology: From Individuals to EcosystemsBlackwell, Oxford, 4.ª edición2006