La biosfera es la parte de la Tierra donde hay vida: todos los seres vivos del planeta junto con el aire, el agua y el suelo en que viven. Es una capa asombrosamente fina. Va desde unos pocos kilómetros bajo el fondo del mar, donde aún hay bacterias en las grietas de la roca, hasta unos diez kilómetros de altura, donde se han recogido esporas y microbios arrastrados por el viento; pero casi toda la vida está concentrada en unos cientos de metros, de las raíces a las copas de los árboles y de la superficie del mar a donde llega la luz. Si la Tierra fuera una manzana, la biosfera sería más fina que su piel.
La palabra la inventó en 1875 el geólogo austríaco Eduard Suess, casi de paso, pero quien la convirtió en una idea fue el ruso Vladimir Vernadsky en 1926. Vernadsky sostuvo que la vida no era una película pasiva sobre un planeta de roca, sino una fuerza geológica de primer orden: los seres vivos habían cambiado la composición del aire, del agua y de las rocas, y seguían haciéndolo. Tenía razón en una escala que ni él imaginó. El oxígeno del aire, un quinto de la atmósfera, lo pusieron ahí las algas y las plantas a lo largo de dos mil millones de años; antes no había casi. La caliza de las montañas son conchas de animales marinos. El carbón y el petróleo son bosques y plancton antiguos. El suelo mismo es roca triturada por raíces y mezclada con vida muerta.
Pesarla se hizo por primera vez en 2018. Toda la vida de la Tierra suma unos 550 mil millones de toneladas de carbono, y el reparto sorprende: las plantas son el ochenta por ciento, las bacterias y las arqueas el quince, los hongos el dos, y todos los animales juntos, insectos, peces, ballenas y personas, apenas el 0,4 por ciento. La mayor parte de la vida es verde y está en tierra; el mar, con el setenta por ciento de la superficie, tiene apenas el uno por ciento de la biomasa, porque su plancton pesa poco aunque produzca mucho. Y hay tanta vida bajo el suelo como sobre él, en forma de bacterias y raíces.
La biosfera funciona como un sistema que recicla. La materia da vueltas en los ciclos del agua, del carbono, del nitrógeno y del fósforo, de los seres vivos al aire, al agua y a la roca y de vuelta, y casi ninguna sale ni entra. Lo que sí entra es energía, del sol, y lo que sale es calor. En eso la biosfera es como un ser vivo: come luz y desprende calor, y mantiene mientras tanto un orden interior que sin ella se desharía.
James Lovelock y Lynn Margulis propusieron en 1974 llevar la comparación más lejos: la hipótesis de Gaia dice que la vida regula el planeta en su propio beneficio, manteniendo la temperatura, la salinidad del mar y la composición del aire dentro de los límites que la vida necesita, como un cuerpo mantiene su homeostasis. El sol es hoy un cuarto más caliente que hace tres mil millones de años y la Tierra no se ha achicharrado, en parte porque la vida ha ido retirando dióxido de carbono del aire. La hipótesis fue muy discutida, porque la vida no tiene intención y la selección natural no actúa sobre planetas, pero dejó una idea que hoy es corriente: la vida y su ambiente forman un solo sistema con retroalimentaciones, y no se entiende una cosa sin la otra.
Los biomas, la selva, la tundra, el desierto, el mar, son las provincias de la biosfera, y los ecosistemas sus pueblos. Es el nivel más alto en que la biología estudia la vida, y el que más se ha alterado en el último siglo: la especie humana mueve hoy más tierra que todos los ríos, fija más nitrógeno que todas las bacterias, y ha cambiado la composición del aire lo bastante para alterar el clima de toda la capa. Vernadsky pensaba que la aparición de una especie capaz de pensar en la biosfera era una etapa geológica nueva. Estamos en ella.
El ecosistema – Los biomas – El ciclo del carbono – El cambio climático y los seres vivos – Biodiversidad
Fuentes
- Vladimir I. VernadskyLa biosphèreFélix Alcan, París1929
- James E. Lovelock y Lynn MargulisAtmospheric homeostasis by and for the biosphere: the gaia hypothesisTellus 26 (1-2)1974enlace
- Yinon M. Bar-On, Rob Phillips y Ron MiloThe biomass distribution on EarthProceedings of the National Academy of Sciences 115 (25)2018enlace