La sucesión ecológica

Cómo un campo abandonado se convierte en bosque y cómo vuelve la vida a un volcán: las etapas de la sucesión, el Krakatoa, el monte Santa Helena y el clímax.

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Cuando un campo se deja de cultivar, no se queda como está. El primer año se llena de hierbas anuales; a los pocos años, de matorral; en veinte o treinta, de árboles de crecimiento rápido; y en un siglo o dos, de un bosque parecido al que había antes de que se arara. Ese cambio ordenado de una comunidad de seres vivos a otra se llama sucesión ecológica, y es la manera en que la naturaleza rellena un hueco.

Hay dos tipos según de dónde se parte. La sucesión primaria empieza de cero, donde no hay ni suelo: una colada de lava, una roca recién salida del hielo, una isla nueva. Los primeros en llegar son los líquenes y los musgos, que se agarran a la piedra desnuda y la van desmenuzando; con sus restos se forma una película de suelo donde pueden germinar las hierbas, y con más suelo, los arbustos y los árboles. Puede tardar siglos. La secundaria empieza donde ya hay suelo y semillas, después de un incendio, una tala, una inundación o un cultivo abandonado, y va mucho más rápido.

Litografía antigua en color de una enorme columna de humo y ceniza saliendo de un volcán en el mar
Fig. 1 La erupción del Krakatoa en 1883, en una litografía de 1888. La explosión arrasó la isla y la dejó sin un solo ser vivo; hoy está cubierta de selva.Parker & Coward · 1888 · Dominio público · Wikimedia Commons

El caso de manual es el Krakatoa. En 1883 el volcán, en Indonesia, explotó con una de las mayores erupciones de la historia, se oyó a cinco mil kilómetros, y lo que quedó de la isla era ceniza caliente sin una brizna de vida. Nueve meses después un naturalista encontró una araña tejiendo una tela. En tres años había hierbas y helechos, cuyas esporas habían llegado por el aire; en veinticinco, un bosque joven con higueras cuyas semillas habían traído los pájaros; en cincuenta, una selva cerrada con más de doscientas especies de plantas. Cada oleada de recién llegados cambiaba el sitio y hacía posible la siguiente, y desde entonces la isla ha sido un laboratorio para ver cómo se monta un ecosistema desde nada.

Fotografía de una gran erupción volcánica con una columna de ceniza gris que se eleva sobre la montaña
Fig. 2 El monte Santa Helena, en Washington, el 18 de mayo de 1980. La explosión tumbó seiscientos kilómetros cuadrados de bosque.Austin Post, USGS · 1980 · Dominio público · Wikimedia Commons

El monte Santa Helena, en Estados Unidos, dio la versión moderna. La erupción de 1980 arrasó seiscientos kilómetros cuadrados de bosque, y los ecólogos, que esperaban tardar décadas en ver algo, se encontraron con que la vida volvía por caminos que no habían previsto. Las ardillas de tierra, que estaban hibernando bajo tierra, salieron y removieron la ceniza; los alces pisotearon la costra y dejaron semillas en su estiércol; un lupino, una planta que fija nitrógeno, colonizó la ceniza estéril y creó las primeras islas de suelo fértil. Lo que sobrevivió por azar, un tronco caído, una charca, decidió lo que vino después. Las imágenes de satélite muestran cómo el verde ha ido cubriendo el gris desde entonces.

Imagen de satélite en falso color del monte Santa Helena años después de la erupción, con la zona del cráter gris y el resto en rojo
Fig. 3 El monte Santa Helena visto por el satélite Landsat años después de la erupción, en falso color: el rojo es vegetación. La zona gris del cráter es lo que queda por cubrir.NASA Scientific Visualization Studio · 2025 · Dominio público · Wikimedia Commons

Durante mucho tiempo se pensó que la sucesión terminaba en un estado final estable, el clímax, que sería la vegetación propia de cada clima: el bosque de robles en Europa templada, la selva en el trópico. La idea es de Frederic Clements, en 1916, y tiene parte de verdad, pero hoy se ve como un ideal más que como una meta: casi ningún ecosistema llega a quedarse quieto, porque siempre hay un incendio, una tormenta, una plaga o una sequía que abre un hueco y vuelve a empezar la sucesión en un trozo. Un bosque maduro es en realidad un mosaico de parches de distintas edades.

Entender la sucesión sirve para restaurar. Cuando se quiere recuperar una mina, una duna o un bosque quemado, se puede acelerar el proceso plantando las especies que preparan el suelo para las siguientes, en vez de empezar por el final. Y sirve para entender que un ecosistema alterado no se queda vacío: se llena, pero no necesariamente con lo que había.

El ecosistema – Los biomas – El ciclo del nitrógeno – Las relaciones entre especies – Las plantas sin flores

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Fuentes

  1. Frederic E. ClementsPlant Succession: An Analysis of the Development of VegetationCarnegie Institution of Washington1916
  2. Ian ThorntonKrakatau: The Destruction and Reassembly of an Island EcosystemHarvard University Press, Cambridge (Massachusetts)1996
  3. Virginia H. Dale, Frederick J. Swanson y Charles M. CrisafulliEcological Responses to the 1980 Eruption of Mount St. HelensSpringer, Nueva York2005
Laura I Telleria (2025). "La sucesión ecológica". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-sucesion-ecologica/

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