El cáncer

El cáncer es una célula propia que deja de obedecer y se multiplica sin freno. Qué genes fallan, por qué hacen falta varios, cómo se extiende y cómo se trata.

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El cáncer es una célula del propio cuerpo que ha dejado de obedecer las reglas y se multiplica sin freno, invade lo que tiene alrededor y acaba viajando a otros órganos. No es una enfermedad sino más de doscientas, una por cada tipo de célula que puede descontrolarse, y lo que las une es eso: una célula normal que se convierte en enemiga. Es la segunda causa de muerte en el mundo, la primera en muchos países ricos, y una de cada dos o tres personas lo tendrá en algún momento de su vida. Se conoce desde el Egipto antiguo, y los griegos le pusieron el nombre del cangrejo por las venas que rodean un tumor de mama.

Es una enfermedad de los genes, pero no suele heredarse. Una célula se vuelve cancerosa cuando acumula mutaciones en unos genes concretos, y esas mutaciones ocurren a lo largo de la vida, por el azar de copiar el ADN miles de millones de veces y por lo que lo daña desde fuera: el tabaco, la luz ultravioleta, el alcohol, algunos virus, la radiación, la obesidad. Cuanto más tiempo se vive y más veces se dividen las células, más mutaciones se acumulan, y por eso el cáncer es sobre todo una enfermedad de la edad. Solo un cinco o diez por ciento se debe a una mutación heredada que da ventaja de salida, como las del gen BRCA en el cáncer de mama.

Los genes que fallan son de dos tipos. Los oncogenes son los aceleradores: genes normales que dicen a la célula que crezca y se divida, y que una mutación deja atascados en encendido. Los supresores de tumores son los frenos: genes que detienen la división cuando hay daño, arreglan el ADN o mandan a la célula a la apoptosis, y que una mutación apaga. El más importante es p53, que está roto en la mitad de todos los tumores. Una célula necesita varios de estos fallos a la vez, de cuatro a siete, para ser un cáncer; con uno solo, los demás controles la paran. Por eso el cáncer tarda décadas en desarrollarse y por eso es raro en jóvenes: hace falta que en la misma célula, por azar, se junten varios errores en los genes justos.

Douglas Hanahan y Robert Weinberg resumieron en 2000 lo que toda célula cancerosa acaba consiguiendo, en seis rasgos que luego ampliaron a diez. Crecer sin que nadie se lo pida. Ignorar las señales de parar. Esquivar la apoptosis. Dividirse sin límite, alargando los telómeros que a las células normales se les acaban. Fabricar vasos sanguíneos nuevos para alimentarse. Invadir tejidos vecinos y sembrarse a distancia. Y, se añadió después, esconderse del sistema inmunitario, cambiar el metabolismo y aprovechar la inflamación. Un tumor no es una masa uniforme sino una población de células que evoluciona: las que mutan hacia esos rasgos dejan más descendientes, y la selección natural, dentro del cuerpo, hace el resto. Es por eso por lo que los tumores se hacen resistentes a los fármacos, igual que las bacterias.

Lo que mata casi siempre no es el tumor original sino la metástasis: células que se desprenden, viajan por la sangre o la linfa, y crecen en el pulmón, el hígado, el hueso o el cerebro. Un cáncer localizado se quita con cirugía y se cura en gran parte; uno extendido rara vez. De ahí la importancia de detectarlo pronto, con las mamografías, las colonoscopias y las citologías, que han bajado la mortalidad de esos cánceres más que ningún fármaco.

Los tratamientos han cambiado de naturaleza. La cirugía y la radioterapia, del siglo XIX y principios del XX, quitan o queman el tumor. La quimioterapia, nacida de los gases de guerra en los años cuarenta, envenena a las células que se dividen, las malas y las buenas, y de ahí la caída del pelo y las náuseas. Desde los noventa hay fármacos dirigidos contra la proteína concreta de un oncogén, como el imatinib, que convirtió una leucemia mortal en una enfermedad crónica. Y desde 2010 la inmunoterapia le quita al tumor su capa de invisibilidad y deja que los linfocitos del propio paciente lo ataquen; en algunos melanomas extendidos, antes mortales en meses, la mitad de los pacientes siguen vivos diez años después. La mortalidad por cáncer baja en los países ricos desde 1990, un uno o dos por ciento al año, sobre todo por el tabaco y el diagnóstico precoz. La cura universal que se prometió en 1971 no llegó, y no llegará, porque no hay una enfermedad sino doscientas, hechas de nuestras propias células.

El ciclo celular – La apoptosis – Las mutaciones – El sistema inmunitario – El envejecimiento

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Fuentes

  1. Douglas Hanahan y Robert A. WeinbergThe Hallmarks of CancerCell 100 (1)2000enlace
  2. Douglas Hanahan y Robert A. WeinbergHallmarks of Cancer: The Next GenerationCell 144 (5)2011enlace
  3. Siddhartha MukherjeeThe Emperor of All Maladies: A Biography of CancerScribner, Nueva York2010
Laura I Telleria (2026). "El cáncer". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-cancer/

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