El envejecimiento

Por qué envejecen los seres vivos y otros apenas, qué pasa en las células con los años, los telómeros, las células senescentes y qué se sabe de alargar la vida.

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El envejecimiento es el deterioro progresivo del cuerpo con el tiempo, que hace que la probabilidad de enfermar y morir se doble cada ocho años a partir de los treinta. No es una enfermedad, aunque sea la causa de casi todas las enfermedades de los países ricos, el cáncer, el infarto, el alzhéimer, la diabetes; y no es inevitable en el sentido de que muchos seres vivos apenas lo hacen. Una hidra no envejece. Un pino de Nevada tiene cinco mil años. La almeja de Islandia vive quinientos, el tiburón de Groenlandia cuatrocientos, y la rata topo desnuda, un roedor del tamaño de un ratón, treinta años sin que su riesgo de morir suba con la edad. Por qué nosotros sí es una pregunta que la biología empezó a responder hace poco.

La primera respuesta es evolutiva, y la dio George Williams en 1957 y la afinó Tom Kirkwood en los setenta. La selección natural actúa sobre lo que afecta a la reproducción, y un gen que hace daño a los ochenta años, cuando ya casi nadie en la naturaleza está vivo, no se elimina; peor aún, un gen que ayuda a los veinte y perjudica a los setenta se selecciona a favor. Y mantener un cuerpo en perfecto estado cuesta energía que se quita de reproducirse: cada especie invierte en reparación justo lo que le compensa según lo que espera vivir. El ratón, que casi siempre muere devorado antes de un año, no gasta en durar; el murciélago del mismo tamaño, que vuela y escapa, vive cuarenta años. Envejecemos porque nadie ha seleccionado que no lo hagamos.

La segunda respuesta es celular. Leonard Hayflick descubrió en 1961 que las células humanas normales en cultivo se dividen unas cincuenta veces y luego se paran para siempre, en un estado que llamó senescencia; hasta entonces se creía que eran inmortales. El contador resultó ser los telómeros, los extremos de los cromosomas, que se acortan en cada división hasta que la célula deja de dividirse. Las células senescentes no mueren: se quedan en los tejidos, cada vez más numerosas con la edad, soltando señales inflamatorias que estropean a las vecinas. Eliminarlas en ratones viejos, con fármacos que se llaman senolíticos, los rejuvenece en varias medidas, y se está probando en personas.

En 2013 Carlos López-Otín y sus colegas reunieron lo que se sabe en nueve marcas del envejecimiento, que hoy son doce. El ADN acumula daños que no se reparan. Los telómeros se acortan. Las marcas epigenéticas se desordenan, y el patrón de metilación de una persona dice su edad con tres años de error. Las proteínas se pliegan mal y se acumulan, como en el alzhéimer. Las mitocondrias funcionan peor. Las células madre se agotan. Las células senescentes se acumulan. Las señales entre células se alteran, con una inflamación crónica de fondo. Y las bacterias del intestino cambian. Todas están conectadas, y nadie sabe cuál es la causa y cuál el efecto.

Lo que sí frena el envejecimiento en el laboratorio es sorprendentemente simple: comer menos. Ratones con un 30 por ciento menos de calorías viven un 30 por ciento más, y lo mismo pasa con levaduras, gusanos, moscas y, en parte, monos. El mecanismo pasa por unas rutas que detectan los nutrientes y deciden entre crecer y reparar, y los fármacos que las tocan, la rapamicina y la metformina, alargan la vida de los ratones y se están probando en personas. Los genes de la longevidad existen: una sola mutación dobla la vida de un gusano, y las personas que llegan a cien años comparten algunas variantes. Y el reloj epigenético se puede rebobinar: los cuatro genes de Yamanaka, aplicados a medias, rejuvenecen células y tejidos de ratón sin convertirlos en embrión, y una industria entera ha nacido de ello.

La esperanza de vida humana ha pasado de 30 años en 1800 a más de 80 en los países ricos, casi toda la ganancia por no morir de niño ni de infección, y la vida máxima apenas se ha movido: la persona más longeva documentada murió en 1997 con 122 años, y nadie se ha acercado desde entonces. Que la biología pueda cambiar eso es la pregunta más cara de la medicina actual. Lo que ya sabe es más modesto y más útil: no fumar, moverse, dormir, comer sin exceso y tener con quien hablar retrasan casi todas las marcas, y ninguna pastilla lo ha igualado todavía.

La replicación del ADN – La epigenética – Las células madre – El cáncer – Las mitocondrias

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Fuentes

  1. Leonard Hayflick y Paul S. MoorheadThe serial cultivation of human diploid cell strainsExperimental Cell Research 25 (3)1961enlace
  2. Carlos López-Otín, Maria A. Blasco, Linda Partridge, Manuel Serrano y Guido KroemerThe Hallmarks of AgingCell 153 (6)2013enlace
  3. Tom KirkwoodTime of Our Lives: The Science of Human AgingOxford University Press, Oxford1999
Laura I Telleria (2026). "El envejecimiento". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-envejecimiento/

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