Las hormigas

Las hormigas pesan tanto como la humanidad y organizan sociedades de millones sin que nadie mande. Castas, feromonas, agricultura, esclavas y supercolonias.

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Las hormigas son los insectos sociales por excelencia y probablemente el grupo animal con más éxito de la Tierra. Se conocen unas 14.000 especies, hay hormigas en todos los continentes menos la Antártida, y en 2022 se calculó que existen unos veinte mil billones de individuos, que pesan juntos unos doce millones de toneladas, más que todos los mamíferos y aves salvajes sumados. En una hectárea de selva puede haber ocho millones, y en el suelo de un bosque templado son el animal que más tierra mueve después de las lombrices. Edward Wilson, que les dedicó la vida, decía que si desaparecieran los seres humanos el mundo seguiría igual, y que si desaparecieran las hormigas se vendría abajo.

Todas son sociales, sin excepción. Una colonia tiene una o varias reinas, que ponen los huevos, y una masa de obreras, hembras estériles, que hacen todo lo demás; los machos aparecen unos días al año para aparearse en vuelo y mueren. La reina, tras aparearse una vez, guarda el esperma toda su vida y funda la colonia sola, alimentando a las primeras larvas con sus propias reservas; puede vivir treinta años. En muchas especies las obreras vienen en tamaños distintos, castas, y cada tamaño hace un trabajo: las pequeñas cuidan las larvas y las grandes, con cabezas enormes, guardan la entrada o cortan hojas. El sexo lo decide la fecundación, como en las abejas: un huevo fecundado da una hembra y uno sin fecundar, un macho.

Nadie manda. La reina no da órdenes, y ninguna hormiga sabe qué está haciendo la colonia. Cada una sigue unas pocas reglas simples a partir de lo que huele y de con quién se cruza, y de la suma sale un comportamiento colectivo que parece planificado. El instrumento son las feromonas, olores químicos que marcan caminos, avisan de peligro, identifican a la propia colonia y regulan cuántas obreras se dedican a cada tarea. Una hormiga que encuentra comida vuelve dejando un rastro; las que lo siguen lo refuerzan si la comida sigue allí, y el camino más corto acaba siendo el más oloroso. Deborah Gordon ha mostrado que la frecuencia de encuentros entre hormigas es lo que regula cuántas salen a buscar comida, sin que ninguna cuente.

Han inventado casi todo lo que inventaron los humanos, antes. Las hormigas cortadoras de hojas de América cultivan un hongo desde hace cincuenta millones de años: llevan al nido trozos de hoja, los mastican, los abonan y siembran en ellos el hongo, que es lo único que comen, y lo protegen con antibióticos que producen bacterias en su propia piel. Otras pastorean pulgones y los ordeñan. Las hormigas tejedoras cosen hojas con la seda de sus larvas, que usan como lanzaderas. Las hormigas legionarias cazan en columnas de millones que se lo comen todo por donde pasan. Hay hormigas esclavistas que asaltan nidos de otra especie y roban las larvas para que trabajen para ellas. Hay hormigas que hacen la guerra a colonias vecinas con tácticas, y las hormigas de fuego forman balsas con sus cuerpos cuando el río se desborda.

Algunas especies han dejado de reconocer fronteras. La hormiga argentina, llevada por los barcos a todo el mundo, forma en el sur de Europa una sola supercolonia de seis mil kilómetros, de Italia a Galicia, en la que las obreras de cualquier nido aceptan a las de cualquier otro, porque descienden todas de unas pocas reinas y huelen igual. Está desplazando a las hormigas nativas en todos los continentes, y es una de las especies invasoras más extendidas.

Las hormigas airean el suelo, dispersan semillas, se comen a los muertos y a las plagas, y alimentan a osos hormigueros, aves y lagartos. Y son el mejor ejemplo de lo que la biología llama un superorganismo: una colonia que se comporta como un solo ser vivo hecho de miles, con las obreras como células y la reina como órgano reproductor, y en la que cada individuo vale poco y el conjunto puede vivir décadas. Fue mirándolas como Wilson y Hölldobler escribieron el tratado que sigue siendo la referencia, y como se empezó a entender cómo un grupo puede ser inteligente sin que lo sea ninguno de sus miembros.

Los insectos – Las abejas – La comunicación animal – Las relaciones entre especies – Las especies invasoras

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Fuentes

  1. Bert Hölldobler y Edward O. WilsonThe AntsHarvard University Press, Cambridge1990
  2. Deborah M. GordonAnt Encounters: Interaction Networks and Colony BehaviorPrinceton University Press, Princeton2010
  3. Patrick Schultheiss y otrosThe abundance, biomass, and distribution of ants on EarthProceedings of the National Academy of Sciences 119 (40)2022enlace
Laura I Telleria (2025). "Las hormigas". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/las-hormigas/

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