Las abejas

Cómo funciona una colmena: la reina, las obreras, la miel, la danza que dice dónde están las flores. Y por qué veinte mil especies sostienen la agricultura.

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Las abejas son un grupo de insectos emparentados con las avispas que viven de las flores: comen néctar y polen y a cambio llevan el polen de una flor a otra. Hay unas 20.000 especies, y la mayoría no se parece a la de los libros: son solitarias, viven en un agujero en el suelo o en un tallo, no hacen miel y no pican o apenas. La abeja de la miel es una sola especie, domesticada desde el Antiguo Egipto, y los abejorros, unas 250 especies gordas y peludas de los climas fríos, son los otros sociales. Pero son las 20.000 juntas las que polinizan buena parte de las plantas silvestres y una tercera parte de lo que comemos.

Una colmena es una ciudad de hasta 60.000 habitantes con una sola madre. La reina no gobierna, pone huevos, unos dos mil al día, y produce un olor que mantiene a la colonia unida. Las obreras son todas sus hijas, hembras que no se reproducen y que cambian de oficio con la edad: limpian celdas los primeros días, alimentan a las larvas, construyen panal con la cera que segregan del abdomen, guardan la entrada, y las últimas tres semanas de su vida de seis salen a buscar flores. Los machos, los zánganos, no hacen nada más que aparearse con una reina de otra colmena, y en otoño las obreras los echan a morir de frío. Que una hembra se sacrifique por sus hermanas tiene explicación genética: por cómo se hereda el sexo en las abejas, una obrera comparte con sus hermanas tres cuartos de sus genes, más que compartiría con sus propias hijas.

La miel es néctar concentrado. La obrera lo trae en el buche, otra lo recibe y lo mastica añadiéndole enzimas que partan el azúcar, lo deposita en una celda y lo abanican con las alas hasta que pierde el agua y queda tan denso que ningún microbio puede crecer en él. Es la despensa del invierno: una colmena necesita unos veinte kilos para pasarlo, y produce mucho más, que es lo que se recoge. El panal es cera en hexágonos, la forma que guarda más miel con menos material, y la colmena lo mantiene a 35 grados todo el año, calentando con los músculos en invierno y ventilando y trayendo agua en verano.

Karl von Frisch descubrió cómo se dicen dónde están las flores. Una obrera que ha encontrado un buen sitio vuelve y baila sobre el panal, en la oscuridad, una figura en forma de ocho: el ángulo del tramo recto respecto a la vertical es el ángulo de las flores respecto al sol, y la duración del tramo, la distancia. Las demás la tocan, aprenden la dirección y salen. Es el único caso conocido, fuera del lenguaje humano, de un animal que comunica a otros la situación de algo que no está presente, y le valió el Nobel en 1973. Thomas Seeley demostró después que cuando un enjambre busca casa nueva, cientos de exploradoras bailan por distintos sitios, se convencen unas a otras y el enjambre decide por una especie de votación, casi siempre bien.

Las abejas ven el ultravioleta y no el rojo, y muchas flores tienen dibujos en ultravioleta, invisibles para nosotros, que les marcan dónde está el néctar. Distinguen formas, colores, olores y hasta caras humanas, aprenden en pocos intentos y cuentan hasta cuatro, con un cerebro del tamaño de una semilla de sésamo. La coevolución con las flores dura cien millones de años, y las flores como las conocemos existen en buena parte por ellas.

Desde 2006 las colmenas mueren en masa en Europa y América, y las abejas silvestres declinan más deprisa aún. No hay una causa sola: un ácaro asiático que chupa a las larvas, los insecticidas neonicotinoides, que en dosis pequeñas les desorientan la vuelta a casa, la desaparición de flores silvestres en campos de un solo cultivo, y las enfermedades que la abeja doméstica pasa a las salvajes. Sin ellas, las almendras, las manzanas, las cerezas, las calabazas y los arándanos no se producirían a la escala de hoy. Y las que más peligran no son las de la miel, que tienen apicultores, sino las 20.000 especies que nadie cría.

Los insectos – La flor y la polinización – Las hormigas – La comunicación animal – La coevolución

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Fuentes

  1. Karl von FrischThe Dance Language and Orientation of BeesHarvard University Press, Cambridge1967
  2. Thomas D. SeeleyHoneybee DemocracyPrinceton University Press, Princeton2010
  3. Dave GoulsonA Sting in the Tale: My Adventures with BumblebeesJonathan Cape, Londres2013
Laura I Telleria (2026). "Las abejas". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/las-abejas/

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