Las pruebas de la evolución

Qué pruebas sostienen la evolución: los fósiles y sus transiciones, la anatomía comparada, los órganos vestigiales, la biogeografía y el ADN.

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Las pruebas de la evolución son las observaciones que hacen de la evolución un hecho y no una opinión. Darwin dedicó a reunirlas la mitad de El origen de las especies, y desde 1859 cada rama nueva de la biología ha añadido las suyas. Lo que las hace convincentes no es ninguna en particular, sino que todas, procedentes de campos que no tienen nada que ver entre sí, apuntan a lo mismo: los seres vivos descienden de antepasados comunes y han cambiado a lo largo del tiempo.

La primera es el registro de los fósiles. Las rocas más antiguas solo tienen bacterias; después aparecen células con núcleo, luego animales blandos, luego con caparazón, luego peces, anfibios, reptiles, mamíferos y aves, en ese orden y nunca al revés. No hay un conejo en el Cámbrico ni un dinosaurio en el Cuaternario, y la evolución predice que no lo habrá. Y hay formas de transición: el Tiktaalik, un pez con muñecas que podía apoyarse en el fondo; el Archaeopteryx, con plumas y dientes; las ballenas con patas de hace cincuenta millones de años, encontradas en Pakistán cuando ya se había predicho que tenían que existir. Los dinosaurios emplumados de China fueron descubiertos cien años después de que se propusiera que las aves venían de ellos.

La segunda es la anatomía. El brazo de una persona, el ala de un murciélago, la aleta de una ballena y la pata de un caballo tienen los mismos huesos en el mismo orden, un húmero, un radio y un cúbito, carpos, dedos, alargados o fundidos según el uso. Si cada uno se hubiera diseñado para su función no tendrían por qué parecerse; se parecen porque son el mismo brazo heredado y modificado. Y hay órganos que ya no sirven: el apéndice, las muelas del juicio que no caben, los músculos que mueven las orejas, el coxis, que es el resto de una cola, y en el embrión humano de cinco semanas, una cola de verdad y unos arcos en el cuello que en un pez serían branquias. Las ballenas tienen huesos de pelvis sueltos en la carne, sin patas a las que sujetar, y algunas serpientes conservan restos de patas traseras.

La tercera es la geografía. Las islas oceánicas están llenas de especies únicas, todas parecidas a las del continente más cercano, y no tienen anfibios ni mamíferos terrestres, porque no pueden cruzar el mar; tienen aves, murciélagos y lagartos, que sí. Australia tiene marsupiales y no placentarios porque se separó antes de que estos existieran. Y donde hay una especie hay siempre parientes cerca, como si cada una hubiera nacido de una vecina. Fue lo que Darwin vio en las Galápagos y lo que Wallace vio en el archipiélago malayo.

La cuarta, la que Darwin no pudo tener, es el ADN. Todos los seres vivos usan el mismo código genético y las mismas moléculas básicas, cosa que solo tiene sentido si vienen de un mismo origen. Cuanto más parecidos son dos organismos en anatomía, más parecidos son en sus genes, y el árbol que se dibuja con las secuencias es el mismo que se había dibujado con los huesos. Llevamos genes rotos que en otros animales funcionan: el de fabricar vitamina C, estropeado en todos los primates por la misma mutación; cientos de genes de olfato inutilizados. Y el cromosoma 2 humano es, letra a letra, dos cromosomas de chimpancé pegados por el extremo, con un centrómero de sobra en el medio.

La quinta es que se ve ocurrir. La selección natural se ha medido en los pinzones de las Galápagos de un año a otro; las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos en meses; los insectos, a los insecticidas; los peces pescados con red se hacen más pequeños y maduran antes; una planta europea llevada a América ha formado una especie nueva en un siglo. Nada de esto prueba que la evolución sea la única explicación posible, porque la ciencia no funciona así; lo que hace es que ninguna otra explicación dé cuenta de todo a la vez.

La teoría de la evolución de Darwin – Los fósiles – El árbol de la vida – La selección natural – La evolución humana

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Fuentes

  1. Charles DarwinOn the Origin of Species by Means of Natural SelectionJohn Murray, Londres1859
  2. Jerry A. CoyneWhy Evolution Is TrueViking, Nueva York2009
  3. Neil ShubinYour Inner Fish: A Journey into the 3.5-Billion-Year History of the Human BodyPantheon, Nueva York2008
Laura I Telleria (2025). "Las pruebas de la evolución". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/las-pruebas-de-la-evolucion/

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