Los dinosaurios fueron un grupo de reptiles que dominó la Tierra durante unos 165 millones de años, desde hace 230 millones hasta hace 66. Los hubo del tamaño de un pollo y de treinta metros de largo, herbívoros y carnívoros, con cuernos, con crestas, con placas, con plumas. Y no han desaparecido del todo: las aves son dinosaurios, y son el grupo de vertebrados terrestres con más especies que existe. Lo que se extinguió hace 66 millones de años fueron todos los demás.
La palabra la inventó el anatomista inglés Richard Owen en 1842, a partir del griego, lagarto terrible, para tres animales fósiles que se habían encontrado en Inglaterra en las dos décadas anteriores y que no se parecían a ningún reptil vivo: caminaban con las patas debajo del cuerpo, como un mamífero, y no abiertas hacia los lados, como un lagarto. En 1854 se construyeron en el parque del Crystal Palace de Londres las primeras reconstrucciones a tamaño natural, y se celebró una cena dentro del molde del Iguanodon. Están equivocadas en casi todo, y siguen ahí.

Hay dos grandes ramas, separadas por la forma de la cadera. Los saurisquios incluyen a los carnívoros de dos patas, los terópodos, desde el Velociraptor del tamaño de un pavo hasta el Tyrannosaurus de doce metros, y a los gigantes de cuello largo, los saurópodos, como el Diplodocus y el Brachiosaurus, los animales más grandes que han caminado sobre la tierra. Los ornitisquios son herbívoros de todo tipo: el Stegosaurus con placas en el lomo, el Triceratops con cuernos, los de pico de pato, los acorazados. Las aves, curiosamente, vienen de la rama que no se llama de cadera de ave, de los terópodos pequeños.

La imagen de los dinosaurios ha cambiado mucho. Durante un siglo se los pintó como lagartos gigantes, lentos, de sangre fría, arrastrando la cola, condenados por su estupidez. Desde los años setenta se sabe que muchos eran rápidos, que tenían el metabolismo alto, que cuidaban nidos, que vivían en manadas, y desde los noventa, gracias sobre todo a los fósiles de China, que muchos terópodos tenían plumas, no solo los que volaban. El Tyrannosaurus joven probablemente tenía plumón. Hoy se los estudia como lo que son: un grupo de animales de éxito extraordinario, no un error de la naturaleza.
Se extinguieron de golpe. Hace 66 millones de años, un asteroide de unos diez kilómetros cayó en lo que hoy es la costa de Yucatán, en México, y el impacto levantó tanto polvo y hollín que el sol se apagó durante meses o años, las plantas dejaron de crecer y las cadenas alimentarias se hundieron. Lo propusieron en 1980 Luis y Walter Alvarez, padre e hijo, al encontrar en una capa de arcilla de esa edad una cantidad de iridio, un metal raro en la Tierra y común en los meteoritos, que no tenía explicación terrestre. El cráter, de ciento ochenta kilómetros, se identificó diez años después. Sobrevivieron los pequeños: los mamíferos, los cocodrilos, las tortugas, y un grupo de dinosaurios con plumas que ya volaba y que hoy canta en las ventanas.

Los fósiles – Las aves – La extinción de las especies – Los anfibios y los reptiles – Los mamíferos
Fuentes
- Richard OwenReport on British Fossil Reptiles, Part IIReport of the British Association for the Advancement of Science, Plymouth1842
- Luis W. Alvarez, Walter Alvarez, Frank Asaro y Helen V. MichelExtraterrestrial Cause for the Cretaceous-Tertiary ExtinctionScience 208 (4448)1980enlace
- Steve BrusatteThe Rise and Fall of the Dinosaurs: A New History of a Lost WorldWilliam Morrow, Nueva York2018