La resistencia a los antibióticos es la capacidad que adquieren las bacterias de sobrevivir a los fármacos hechos para matarlas. Es selección natural pura, ocurriendo en cada hospital y en cada granja, a la velocidad de las bacterias: una generación cada veinte minutos. Alexander Fleming lo advirtió en su discurso del Nobel en 1945, cuando la penicilina llevaba tres años en uso: dijo que no era difícil hacer bacterias resistentes en el laboratorio exponiéndolas a dosis insuficientes, y que llegaría el día en que cualquiera pudiera comprarla en una tienda y, tomándola mal, criar bacterias que matarían a otros. Ocurrió exactamente así.
El mecanismo es simple. En una infección hay miles de millones de bacterias, y por azar, por mutación, unas pocas tienen algún cambio que las hace algo menos sensibles al antibiótico: una pared un poco distinta, una bomba que expulsa el fármaco, una enzima que lo rompe. El antibiótico mata a todas las demás, y esas pocas se quedan solas con toda la comida y todo el espacio. En unos días la infección es de bacterias resistentes. Cuanto más antibiótico se usa, y sobre todo cuanto más se usa mal, en dosis bajas, durante poco tiempo, contra virus en los que no hace nada, más veces se repite la selección.
Lo que lo hace peor que una simple mutación es que las bacterias se pasan los genes. No solo a sus hijas: a sus vecinas, aunque sean de otra especie, en pequeños anillos de ADN llamados plásmidos que una bacteria copia y le da a otra al tocarse. Un gen de resistencia que apareció en una bacteria inofensiva del intestino de un cerdo puede acabar en semanas en una que causa neumonía en un hospital a mil kilómetros. Y los plásmidos acumulan genes: hay bacterias con resistencia a diez antibióticos en un solo anillo, de manera que usar cualquiera de los diez selecciona la resistencia a los otros nueve. Julian Davies ha mostrado que casi todos estos genes son antiguos: los antibióticos son armas que los microbios del suelo llevan usando entre sí desde hace millones de años, y las defensas ya estaban inventadas; lo que hemos hecho es seleccionarlas a escala planetaria.
El uso humano es la mitad del problema y la ganadería la otra mitad. En muchos países se ha dado a los animales de granja más antibiótico que a las personas, no para curarlos sino para que engorden más deprisa y para prevenir infecciones en el hacinamiento, y ese uso a dosis bajas y continuas es la receta perfecta para criar resistencias, que pasan a las personas por la carne, el agua y el estiércol. La Unión Europea lo prohibió en 2006; en buena parte del mundo sigue.
Las cifras ya son grandes. En 2019 murieron en el mundo directamente por infecciones resistentes 1,3 millones de personas, más que por malaria o sida, y casi cinco millones si se cuentan las muertes en las que la resistencia contribuyó. Hay bacterias, en hospitales de todo el mundo, contra las que no queda ningún antibiótico que funcione, y operaciones corrientes, la cadera, la cesárea, la quimioterapia, que dependen de que la infección se pueda tratar. Al mismo tiempo, casi no salen antibióticos nuevos: descubrirlos es difícil, porque las fuentes fáciles se agotaron en los años sesenta, y a las farmacéuticas no les compensa fabricar un medicamento que se toma una semana y que hay que guardar en la reserva.
Lo que se puede hacer se sabe. No tomar antibióticos para un resfriado. Completar las dosis. No darlos a los animales para engordar. Lavarse las manos en los hospitales, que es donde más resistencias se crían. Vacunar, para que haya menos infecciones que tratar. Y buscar en sitios nuevos: en el suelo con nuevas técnicas, en los animales, en los virus que matan bacterias, los fagos, que se usaron en la Unión Soviética durante décadas y vuelven ahora. La resistencia no se puede evitar, porque es evolución; solo se puede hacer más lenta que nosotros.
Los antibióticos – Las bacterias – La selección natural – Las mutaciones – Las epidemias y las pandemias
Fuentes
- Julian Davies y Dorothy DaviesOrigins and Evolution of Antibiotic ResistanceMicrobiology and Molecular Biology Reviews 74 (3)2010enlace
- Christopher J. L. Murray y otros (Antimicrobial Resistance Collaborators)Global burden of bacterial antimicrobial resistance in 2019: a systematic analysisThe Lancet 399 (10325)2022enlace
- Alexander FlemingPenicillin (Nobel Lecture)Fundación Nobel, Estocolmo1945