Una vacuna es una preparación que enseña al sistema inmunitario a reconocer a un microbio sin haber pasado la enfermedad. Se le muestra al cuerpo el microbio muerto, o debilitado, o solo un trozo de él, y el cuerpo fabrica defensas y las guarda en la memoria. Cuando llega el microbio de verdad, la respuesta es inmediata y no da tiempo a que la infección avance. Es la intervención médica que más vidas ha salvado, después del agua limpia.
La palabra viene de la vaca, y de una enfermedad que ya no existe. La viruela mataba a una de cada tres personas que la cogían y dejaba marcadas a las demás; en el siglo XVIII mataba en Europa a cuatrocientas mil personas al año. Se sabía desde hacía siglos, en China, en Turquía y en África, que inocular pus de un enfermo leve protegía, pero el método mataba a un dos por ciento de los inoculados. Y en el campo inglés se decía que las ordeñadoras que cogían la viruela de las vacas, una enfermedad leve que sale en las manos, no cogían luego la humana.

Edward Jenner, un médico rural, lo puso a prueba en 1796. Tomó pus de una pústula de la mano de una ordeñadora y lo inoculó en el brazo de James Phipps, un niño de ocho años. El niño pasó unos días de fiebre leve. Seis semanas después Jenner le inoculó viruela humana, y no enfermó. Repitió el experimento con más personas, publicó los resultados en 1798 y llamó al método vacunación, de vacca. En pocos años se vacunaba en toda Europa y en América; España organizó en 1803 una expedición que llevó la vacuna a sus colonias en el brazo de niños huérfanos, contagiándola de uno a otro durante la travesía.

Jenner no sabía por qué funcionaba; los virus no se descubrieron hasta un siglo después. Hoy se sabe que el de la viruela de las vacas es tan parecido al humano que las defensas contra uno sirven contra el otro. Pasteur generalizó la idea en 1880: no hacía falta un pariente inofensivo del microbio, bastaba con debilitar al propio microbio. Con eso hizo vacunas contra el cólera de las gallinas, el carbunco y la rabia, y conservó la palabra de Jenner en su honor.
Las vacunas actuales son de varios tipos. Unas llevan el microbio vivo pero debilitado, como las del sarampión y la fiebre amarilla. Otras lo llevan muerto, como la de la polio inyectable. Otras llevan solo una proteína del microbio, como la de la hepatitis B, o su toxina desactivada, como las del tétanos y la difteria. Y las más nuevas llevan solo la receta, en forma de ARN, para que las propias células fabriquen esa proteína durante unos días.

Cuando se vacuna a casi toda la población, el microbio no encuentra a quién contagiar y deja de circular, y eso protege también a los que no pueden vacunarse. Es la inmunidad de grupo. Con ella la viruela se erradicó del mundo en 1977; el último caso natural fue un cocinero de Somalia. La polio está a punto. Y el sarampión, la difteria o la tosferina vuelven en cuanto la cobertura baja, como se ha visto en varios países en los últimos años.
El sistema inmunitario – Los virus – Pasteur y la teoría de los gérmenes – El ARN – Salud pública
Fuentes
- Edward JennerAn Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae VaccinaeSampson Low, Londres1798
- Stanley A. Plotkin, Walter A. Orenstein, Paul A. Offit y Kathryn M. EdwardsPlotkin's VaccinesElsevier, Filadelfia, 7.ª edición2018
- Frank Fenner, Donald A. Henderson, Isao Arita, Zdeněk Ježek e Ivan D. LadnyiSmallpox and Its EradicationOrganización Mundial de la Salud, Ginebra1988enlace