Las aves son los únicos animales con plumas, y hoy se sabe que son dinosaurios: los descendientes directos de un grupo de dinosaurios pequeños y emplumados que sobrevivió a la extinción de hace 66 millones de años. Hay unas once mil especies, desde el colibrí abeja, de dos gramos, hasta el avestruz, de ciento cincuenta kilos, y viven en todos los continentes, incluida la Antártida.
Casi todo en un ave está hecho para volar. Los huesos son huecos y con refuerzos por dentro, como una viga, y muchos están soldados para que el esqueleto sea rígido y ligero; el esqueleto de una fragata, con dos metros de envergadura, pesa menos que sus plumas. El esternón tiene una quilla enorme donde se anclan los músculos del vuelo, que son la mitad del peso del animal. No tienen dientes, que pesan, sino un pico de queratina, y muelen la comida en una molleja con piedras. Y las plumas, que son escamas de reptil transformadas, forman una superficie de vuelo que se repara sola y que además abriga: por dentro de las plumas, un ave tiene entre 40 y 42 grados.

Volar gasta muchísimo, y para eso las aves tienen el mejor sistema respiratorio de los vertebrados. Además de pulmones, tienen sacos de aire repartidos por el cuerpo, incluso dentro de los huesos, y el aire pasa por los pulmones en una sola dirección, tanto al inspirar como al espirar, de modo que siempre hay aire fresco en ellos. Por eso un ganso puede volar sobre el Himalaya, donde una persona apenas puede andar.

Ponen huevos con cáscara, como los reptiles de los que vienen, pero los incuban con el calor de su cuerpo y cuidan a los pollos, algo que muchos dinosaurios también hacían. Muchas se emparejan para toda la vida. Y cantan: tienen un órgano de voz propio, la siringe, en la base de la tráquea, con el que algunas producen dos notas a la vez. El canto sirve para marcar territorio y atraer pareja, y en muchas especies se aprende de los padres, como el lenguaje.
Y migran. Cada año miles de millones de aves viajan entre donde crían y donde pasan el invierno, guiándose por el sol, las estrellas, el campo magnético de la Tierra y los olores. El charrán ártico va del Ártico a la Antártida y vuelve, unos setenta mil kilómetros al año. Las agujas colipintas vuelan de Alaska a Nueva Zelanda sin parar, once mil kilómetros en nueve días sin comer ni dormir.
Que las aves venían de los reptiles lo sugirió el Archaeopteryx, encontrado en Alemania en 1861: un animal con plumas y alas, pero con dientes, dedos con garras en las alas y una cola larga de hueso, como un reptil. Huxley propuso en 1868 que venían de los dinosaurios, y la idea se olvidó durante un siglo, hasta que en los años setenta se vio que los esqueletos de los pequeños dinosaurios carnívoros y de las primeras aves eran casi iguales. Desde los años noventa, China ha dado decenas de dinosaurios con plumas fosilizadas, y la discusión se cerró: un gorrión es un dinosaurio.
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Fuentes
- John James AudubonThe Birds of AmericaPublicado por el autor, Londres1827
- Frank B. Gill, Richard O. Prum y Scott K. RobinsonOrnithologyW. H. Freeman, Nueva York, 4.ª edición2019
- Xing Xu y otrosAn Integrative Approach to Understanding Bird OriginsScience 346 (6215)2014enlace