Los crustáceos son los artrópodos del agua: los cangrejos, las gambas, las langostas, los bogavantes, los camarones, el krill, los percebes, y una multitud de animales de menos de un milímetro que casi nadie ha visto y que son de los más abundantes de la Tierra. Son a los mares lo que los insectos son a la tierra, y son sus parientes más cercanos: los insectos descienden de un crustáceo que salió del agua hace unos 400 millones de años. Se conocen unas 70.000 especies, y de ellas unas pocas han vuelto a tierra, como las cochinillas de la humedad que viven bajo las piedras del jardín.
Lo que los distingue de los demás artrópodos son dos pares de antenas, en vez de uno, y unas patas partidas en dos ramas, una para andar y otra para respirar o nadar. El cuerpo está cubierto por un caparazón de quitina endurecida con carbonato de calcio, que es a la vez su piel, su esqueleto y su armadura, y no crece. Para crecer, el animal tiene que mudar: fabrica una piel nueva y blanda por debajo, absorbe agua, rompe la vieja por una costura y sale, hinchado, y espera unos días escondido a que la nueva se endurezca. Un bogavante muda unas veinticinco veces en su vida, y en cada muda puede reponer una pata perdida. Es también la razón de que los cangrejos de caparazón blando sean un plato: se pescan justo después de mudar.
Casi todos empiezan su vida como larvas microscópicas que flotan en el plancton, a veces durante meses, y no se parecen en nada al adulto. La primera larva de casi todos los crustáceos es la misma, un animalillo de tres pares de patas y un solo ojo, y fue una de las pruebas de que todos los crustáceos, tan diferentes, formaban un solo grupo. La larva del cangrejo tiene una espina larga y dos ojos enormes; la del bogavante parece un camarón transparente. Se van transformando en mudas sucesivas hasta que se posan en el fondo.
Los más importantes son los que nadie come directamente. Los copépodos, de uno o dos milímetros, son quizá los animales más numerosos del planeta, con una biomasa mayor que la de todos los peces, y son el eslabón entre el fitoplancton y todo lo demás. El krill antártico, un camarón de cinco centímetros, forma bancos de miles de millones que suman unos 400 millones de toneladas, más que todos los seres humanos, y de él viven las ballenas, las focas, los pingüinos y los calamares del Antártico. Una ballena azul come cuatro toneladas de krill al día.
Los percebes son el crustáceo más raro. Viven pegados a las rocas y a los cascos de los barcos con la cabeza, dentro de una concha de placas de caliza, y sacan las patas, convertidas en plumeros, para barrer el agua; durante siglos se los tuvo por moluscos, hasta que se vieron sus larvas. Darwin les dedicó ocho años y cuatro volúmenes, entre 1846 y 1854, mientras dejaba en el cajón El origen de las especies, y descubrió en ellos especies con machos diminutos que viven dentro de la hembra. Su pegamento, que cura bajo el agua, se estudia para la cirugía.
Hay crustáceos gigantes, como el cangrejo araña japonés con casi cuatro metros de pata a pata, y crustáceos que viven doscientos años; el bogavante no envejece apenas y sigue creciendo hasta que una muda le sale mal. Hay cangrejos que trepan a los cocoteros, gambas que hacen un chasquido tan fuerte que interfiere con los sonares, y el mantis marino, cuyo golpe acelera como una bala y cuyos ojos ven colores que ningún otro animal ve. Y hay los que comemos: la pesca y el cultivo de gambas, langostinos y cangrejos mueven miles de millones al año, y el cultivo de langostino ha arrasado buena parte de los manglares del trópico. Los cangrejos de río de Europa han desaparecido casi por completo ante el americano, que trajo consigo un hongo que ellos no aguantan.
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Fuentes
- Joel W. Martin y George E. DavisAn Updated Classification of the Recent CrustaceaNatural History Museum of Los Angeles County, Science Series 392001
- Charles DarwinA Monograph on the Sub-class CirripediaRay Society, Londres1851
- Cleveland P. Hickman y otrosIntegrated Principles of ZoologyMcGraw-Hill, Nueva York, 18.ª edición2020