Las ballenas y los delfines son mamíferos que volvieron al mar. Respiran aire, tienen sangre caliente, paren crías vivas y las amamantan, y descienden de un animal terrestre de cuatro patas que vivía hace unos cincuenta millones de años en lo que hoy es Pakistán. Forman el grupo de los cetáceos, unas noventa especies, y se dividen en dos: los que tienen dientes, los delfines, las marsopas, las orcas y los cachalotes, y los que tienen barbas, las ballenas grandes que filtran el agua a través de unas láminas de queratina que cuelgan del paladar. La ballena azul, de treinta metros y ciento cincuenta toneladas, es el animal más grande que ha existido.
El regreso al agua se conoce hoy con detalle gracias a una serie de fósiles encontrados desde los años ochenta. El Pakicetus era del tamaño de un lobo, con patas y pezuñas, y solo el oído delata que es un cetáceo. El Ambulocetus parecía un cocodrilo peludo que nadaba con las patas. El Rodhocetus ya tenía las patas traseras pequeñas y la cola ancha. El Basilosaurus, de hace cuarenta millones de años, medía dieciocho metros y conservaba unas patas traseras del tamaño de una mano, inútiles. Hans Thewissen demostró en 2001 con los tobillos de estos fósiles lo que el ADN ya decía: los parientes vivos más cercanos de las ballenas son los hipopótamos. Las ballenas actuales guardan huesos de pelvis sueltos en la carne, y de vez en cuando nace una con muñones de patas.
El cuerpo se reconstruyó para el agua. Las patas delanteras son aletas con los cinco dedos dentro; las traseras desaparecieron; la cola se hizo horizontal, al revés que la de los peces; la nariz subió a lo alto de la cabeza; el pelo se cambió por una capa de grasa de hasta medio metro que aísla y flota; y el oído se cerró a los sonidos del aire y se abrió a los del agua. Respiran a voluntad, no automáticamente como nosotros, y por eso no pueden dormir del todo: apagan medio cerebro a la vez. El cachalote baja a dos mil metros y aguanta hora y media, con la sangre y los músculos cargados de oxígeno y el pulmón aplastado.
El mar es oscuro y el sonido viaja en él cinco veces más deprisa que en el aire, así que los cetáceos viven de oído. Los que tienen dientes usan la ecolocalización: emiten chasquidos por la nariz, los enfocan con una lente de grasa en la frente y escuchan el eco por la mandíbula. Un delfín distingue así una pelota de golf de una de tenis a cien metros y ve el interior de una presa. Las ballenas con barbas no ecolocalizan pero cantan. Roger Payne y Scott McVay descubrieron en 1971 que el canto de la ballena jorobada tiene frases y estrofas que se repiten en una estructura de hasta media hora, que todos los machos de un océano cantan la misma canción y que la canción cambia de un año a otro. La ballena azul emite sonidos tan graves que cruzan un océano.
Son animales sociales y con cultura. Las orcas viven en grupos matriarcales que duran toda la vida, con dialectos propios y técnicas de caza que las madres enseñan, y hay poblaciones que solo comen salmón y otras que solo comen focas, en el mismo mar, sin cruzarse. Los cachalotes tienen clanes con códigos de chasquidos distintos. Los delfines se reconocen por un silbido propio, como un nombre, se pasan las técnicas de pesca de madre a hija y usan esponjas para proteger el hocico al buscar en la arena. Hal Whitehead y Luke Rendell defienden que es cultura en el sentido pleno: comportamiento aprendido de otros que varía entre grupos.
Las cazamos casi hasta el final. La caza industrial del siglo XX mató unos tres millones, y la ballena azul bajó de 300.000 a unos pocos miles. La moratoria de 1986 las ha dejado recuperarse en parte: las jorobadas y las grises han vuelto, la azul sigue en un diez por ciento de lo que fue, y la ballena franca del Atlántico Norte, con menos de 400 ejemplares, muere en las redes y bajo los barcos. Hoy la amenaza no es el arpón sino el ruido de los motores y los sonares, que les tapa el mundo en que viven, y las redes de pesca, que ahogan a 300.000 al año.
Los mamíferos – La ecolocalización – Las pruebas de la evolución – La comunicación animal – El plancton
Fuentes
- J. G. M. Thewissen, E. M. Williams, L. J. Roe y S. T. HussainSkeletons of terrestrial cetaceans and the relationship of whales to artiodactylsNature 4132001enlace
- Roger S. Payne y Scott McVaySongs of Humpback WhalesScience 173 (3997)1971enlace
- Hal Whitehead y Luke RendellThe Cultural Lives of Whales and DolphinsUniversity of Chicago Press, Chicago2015