La célula vegetal y la célula animal son las dos variantes de célula que todo el mundo ha visto dibujadas en un libro de texto: la de la planta, cuadrada y con una gran bolsa en medio; la del animal, redondeada y llena de cosas pequeñas. Las dos son células eucariotas, con núcleo, mitocondrias, retículo y la misma membrana, y descienden de un mismo antepasado de hace unos mil quinientos millones de años. Lo que las separa son unas pocas piezas, y de esas pocas piezas salen dos maneras de vivir completamente distintas.
La primera diferencia es la pared. La célula vegetal tiene por fuera de la membrana una caja de celulosa, gruesa y rígida, que le da su forma poligonal y la sostiene; la animal no tiene nada parecido, solo la membrana, y por eso es blanda, redondeada y capaz de cambiar de forma. La planta paga la rigidez con inmovilidad, pero a cambio puede levantarse cien metros sin huesos, solo apilando cajas llenas de agua a presión. El animal paga la fragilidad con movimiento: sus células pueden arrastrarse, envolver a otras y comérselas, formar tejidos que se pliegan.
La segunda son los cloroplastos. Solo la célula vegetal los tiene, y en ellos hace la fotosíntesis: fabrica su propio azúcar con luz, agua y aire. La célula animal tiene que comerse el azúcar que otro haya fabricado. Las dos tienen mitocondrias, porque las dos queman ese azúcar para sacar energía; la planta también respira, de noche y de día, aunque produzca más oxígeno del que gasta. Cloroplastos y mitocondrias fueron bacterias libres que una célula antigua engulló y no digirió, y la vegetal es la que engulló dos veces.
La tercera es la vacuola. La célula vegetal adulta tiene una sola bolsa enorme, llena de agua, sales y desechos, que ocupa hasta el noventa por ciento del volumen y empuja todo lo demás contra la pared. Es su almacén, su vertedero y su sistema hidráulico: cuando se llena de agua la célula se tensa, y cuando se vacía la planta se marchita. Los pigmentos de muchas flores y frutos están disueltos en ella. La célula animal tiene muchas vesículas pequeñas y lisosomas, sacos con enzimas que digieren lo que come, pero ninguna bolsa central.
Hay diferencias más finas. La animal tiene centriolos, dos cilindros de microtúbulos desde los que organiza el huso de la mitosis; la vegetal no los tiene y aun así se divide igual de bien. Al dividirse, la animal se estrangula por el medio con un anillo de actina; la vegetal no puede, porque la pared no se estrangula, y en su lugar construye una pared nueva por el centro, de dentro hacia fuera. La vegetal guarda el azúcar como almidón y la animal como glucógeno. Y las células de una planta están comunicadas por canales que atraviesan las paredes, de modo que el citoplasma es en cierto modo continuo en todo el organismo.
Las semejanzas pesan más que las diferencias, y verlo fue uno de los grandes pasos de la biología. Matthias Schleiden, botánico, y Theodor Schwann, zoólogo, compararon sus dibujos en 1838 y se dieron cuenta de que la planta y el animal estaban hechos de la misma unidad; de ahí salió la teoría celular. Los hongos, por cierto, no encajan en ninguna de las dos casillas: tienen pared, pero de quitina, y no tienen cloroplastos, y están más cerca de los animales que de las plantas.
La célula – La pared celular – Los cloroplastos – La célula procariota y la eucariota – La teoría celular
Fuentes
- Peter H. Raven, Ray F. Evert y Susan E. EichhornBiology of PlantsW. H. Freeman, Nueva York, 8.ª edición2013
- Bruce Alberts y otrosMolecular Biology of the CellW. W. Norton, Nueva York, 7.ª edición2022
- Matthias Jakob SchleidenBeiträge zur PhytogenesisArchiv für Anatomie, Physiologie und wissenschaftliche Medicin1838