La reproducción humana es sexual: hacen falta dos células especiales, un óvulo y un espermatozoide, cada una con la mitad de los cromosomas, que al unirse forman una célula nueva con la dotación completa. Esa célula, el cigoto, contiene todo lo necesario para construir una persona, y en nueve meses se convierte en un bebé de varios billones de células. Cada paso está gobernado por hormonas, y los dos gametos se producen por meiosis, lo que hace que cada hijo sea una combinación nueva.
Los testículos producen espermatozoides sin parar desde la pubertad, unos cien millones al día, y por eso están fuera del cuerpo: necesitan un par de grados menos. Los ovarios, en cambio, nacen con todos los óvulos que tendrán, alrededor de un millón, y desde la pubertad hasta la menopausia maduran uno cada mes, unos cuatrocientos en total. El ciclo menstrual es la preparación mensual del útero por si ese óvulo se fecunda: la pared se engrosa y se llena de vasos, y si no hay embarazo, se desprende y sale con la regla.

La fecundación ocurre en las trompas, los tubos que van de los ovarios al útero. De los millones de espermatozoides que entran, unos pocos cientos llegan hasta el óvulo, y uno solo consigue atravesar su cubierta; en cuanto entra, la cubierta se endurece y no pasa ningún otro. Los dos núcleos se funden y el cigoto empieza a dividirse mientras baja hacia el útero: dos células, cuatro, ocho, una pelota hueca. Al sexto o séptimo día se pega a la pared del útero y se hunde en ella. Es la implantación, y a partir de ahí hay embarazo.
Las primeras ocho semanas son el periodo embrionario, y son las más importantes. En ese tiempo se forman todos los órganos: el corazón empieza a latir a las tres semanas, cuando el embrión mide dos milímetros; a las cuatro se ve el tubo que será el cerebro y la médula; a las ocho, con tres centímetros, ya tiene cara, dedos y todos los órganos en su sitio, aunque diminutos. Por eso este es el periodo en que el alcohol, algunos medicamentos y algunas infecciones hacen más daño. Desde la novena semana hasta el parto se llama feto, y lo que hace sobre todo es crecer y madurar.

El feto no come ni respira por su cuenta. Lo hace a través de la placenta, un órgano que se forma en la pared del útero, mitad de la madre y mitad del hijo, donde la sangre de los dos pasa muy cerca sin mezclarse. Por ella entran el oxígeno y los alimentos y salen los desechos, y también pasan anticuerpos de la madre, que protegen al bebé los primeros meses de vida. El cordón umbilical la une al feto, que flota en un saco de líquido que lo amortigua. La placenta fabrica además las hormonas que mantienen el embarazo; una de ellas es la que detecta la prueba de embarazo en la orina.
A las cuarenta semanas, un cambio de hormonas pone en marcha el parto: el útero, que es un músculo, se contrae cada vez con más fuerza, el cuello se abre y el bebé sale. Con el primer llanto los pulmones se abren y la circulación cambia en segundos para funcionar sin placenta. Hoy, con el control del embarazo y la atención al parto, la muerte de la madre, que hace un siglo era común, es rarísima en los países donde se cuenta con ellos.
La meiosis – Los cromosomas – El sistema endocrino – Órganos sexuales pélvicos de la mujer – Órganos sexuales pélvicos del hombre – Sexo hormonal
Fuentes
- Keith L. Moore, T. V. N. Persaud y Mark G. TorchiaThe Developing Human: Clinically Oriented EmbryologyElsevier, Filadelfia, 11.ª edición2020
- John E. Hall y Michael E. HallGuyton and Hall Textbook of Medical PhysiologyElsevier, Filadelfia, 14.ª edición2021
- Gerard J. Tortora y Bryan DerricksonPrinciples of Anatomy and PhysiologyWiley, Hoboken, 16.ª edición2020