El embarazo y el desarrollo embrionario

De una célula a un bebé en cuarenta semanas: la implantación, las tres capas del embrión, el latido, los órganos, la placenta y lo que cambia la madre.

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El embarazo es el proceso por el que una sola célula, el óvulo fecundado, se convierte en un bebé de tres kilos y treinta billones de células en unas cuarenta semanas dentro del cuerpo de la madre. El desarrollo embrionario es la parte de ese proceso que construye el cuerpo, y ocurre casi toda en las primeras ocho semanas: al final del segundo mes, el embrión mide tres centímetros y ya tiene todos los órganos en su sitio, el corazón latiendo, los dedos separados y la cara reconocible. El resto del embarazo es crecer y madurar. El biólogo Lewis Wolpert decía que el momento más importante de la vida no es el nacimiento ni la boda, sino la gastrulación, y nadie se acuerda de ella.

Todo empieza en la trompa. El óvulo fecundado se divide en dos, en cuatro, en ocho, mientras baja hacia el útero, y al cabo de cinco o seis días es una bola hueca de un centenar de células, el blastocisto, que se pega a la pared del útero y se hunde en ella: la implantación. De esa bola, la capa exterior será la placenta y un pequeño grupo interior, el embrión. Hacia la tercera semana ocurre la gastrulación: las células del grupo interior se reordenan en tres capas, y de cada capa saldrá una parte del cuerpo. De la exterior, la piel y el sistema nervioso; de la media, los músculos, los huesos, el corazón, la sangre y los riñones; de la interior, el tubo digestivo, los pulmones y el hígado. Un pliegue de la capa exterior se cierra como una cremallera y forma el tubo que será la médula espinal y el cerebro; si no se cierra bien, aparece la espina bífida, y por eso se recomienda ácido fólico desde antes de la concepción.

En la cuarta semana el corazón, aún un tubo, empieza a latir, y el embrión, de cuatro milímetros, tiene ya una cola, unos arcos en el cuello que en un pez serían branquias y unos brotes que serán los brazos. Es la etapa en que un embrión humano y uno de tortuga apenas se distinguen, y la prueba viva de la evolución. En la quinta y sexta semanas se forman los ojos, las orejas, los dedos, que aparecen como palas y se separan porque las células de entre medias mueren por apoptosis. En la octava, el embrión pasa a llamarse feto, la cola ha desaparecido, y todo lo esencial está hecho. Es también el periodo más vulnerable: la talidomida, el alcohol, la rubeola o la falta de yodo hacen su daño en estas semanas, cuando cada órgano se está formando.

Cómo sabe cada célula lo que tiene que ser es la pregunta de la diferenciación celular: señales químicas de las vecinas, en gradientes, que le dicen dónde está, y genes maestros que se encienden según la posición. Los genes que dibujan el eje de cabeza a cola, los genes Hox, son los mismos y están en el mismo orden en la mosca, el ratón y la persona; se descubrieron en la mosca en los años ochenta y valieron el Nobel de 1995.

La placenta es el órgano del embarazo, y es del bebé, no de la madre. Se hunde en la pared del útero y abre los vasos maternos para que la sangre de la madre bañe unas vellosidades del feto; las dos sangres no se mezclan, pero a través de una membrana pasan el oxígeno, los nutrientes, los anticuerpos y también el alcohol y muchos fármacos. Fabrica además las hormonas que mantienen el embarazo y avisan al cuerpo de la madre. La madre cambia por todas partes: el volumen de sangre sube un cuarenta por ciento, el corazón bombea más, los riñones filtran más, los huesos ceden calcio, los ligamentos se aflojan y el sistema inmunitario se ajusta para no rechazar a un ser que es medio extraño.

Los últimos meses son de peso y de cerebro. El feto pasa de medio kilo a las 24 semanas a tres kilos al nacer, acumula grasa, y el cerebro fabrica neuronas al ritmo de 250.000 por minuto. Los pulmones son lo último en madurar, y de ellos depende que un prematuro sobreviva; hoy lo hacen a partir de las 23 o 24 semanas. El parto lo desencadena una conversación hormonal entre el feto, la placenta y la madre que aún no se entiende del todo. Y el bebé nace con el cerebro a un cuarto de su tamaño final, porque uno más grande no pasaría por la pelvis de una madre que camina erguida, y eso es lo que hace tan larga la infancia humana.

La reproducción humana – La diferenciación celular – Las células madre – La apoptosis – Las pruebas de la evolución

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Fuentes

  1. Keith L. Moore, T. V. N. Persaud y Mark G. TorchiaThe Developing Human: Clinically Oriented EmbryologyElsevier, Filadelfia, 11.ª edición2020
  2. Scott F. Gilbert y Michael J. F. BarresiDevelopmental BiologySinauer, Sunderland, 12.ª edición2019
  3. Lewis WolpertThe Triumph of the EmbryoOxford University Press, Oxford1991
Laura I Telleria (2024). "El embarazo y el desarrollo embrionario". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-embarazo-y-el-desarrollo-embrionario/

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