La raíz es la mitad de la planta que no se ve, y hace tres trabajos: sujeta la planta al suelo, absorbe el agua y las sales minerales que la planta necesita, y a veces almacena reservas. En muchas plantas pesa tanto como lo que hay encima, y en las de los lugares secos mucho más. Una planta de centeno de un metro tiene, según se midió en los años treinta, seiscientos kilómetros de raíces sumando todas las ramificaciones, y una superficie de contacto con el suelo de más de doscientos metros cuadrados. La higuera del desierto del Kalahari manda raíces a más de sesenta metros de profundidad.
Hay dos tipos básicos. La raíz principal, o pivotante, es una raíz gruesa que baja recto y de la que salen raíces laterales; la tienen la zanahoria, el diente de león, el roble y casi todas las plantas de hoja ancha. Las raíces fasciculadas son un manojo de raíces finas del mismo grosor que salen de la base del tallo, sin una principal; las tienen las gramíneas, el trigo, el maíz, la hierba del césped, y forman una red densa que sujeta el suelo, por lo que un prado protege contra la erosión mucho mejor que un campo arado. Además hay raíces aéreas, que salen del tallo y cuelgan hasta el suelo, como en el maíz o en la higuera de Bengala, raíces zancudas que sostienen los manglares en el fango, y raíces que trepan, como las de la hiedra.
Las raíces crecen por la punta. En el extremo hay una zona de células que se dividen sin parar, protegida por un capuchón de células que se desgastan al empujar entre las piedras y se van reponiendo, y detrás las células nuevas se alargan y empujan la punta hacia delante. Un poco más atrás está la zona que absorbe, cubierta de pelos radicales: prolongaciones finísimas de una sola célula, de unos milímetros, que viven pocos días y multiplican la superficie por diez o por cien. Es por ellos por donde entra casi toda el agua, y por eso trasplantar una planta arrancándola rompe los pelos y la deja días sin poder beber. Darwin y su hijo Francis demostraron en 1880 que la punta de la raíz es la que siente la gravedad y decide hacia dónde crecer, y hoy se sabe que unas partículas densas de almidón caen dentro de sus células y le dicen dónde está abajo.
El agua entra por ósmosis, porque el interior de la raíz tiene más sales que el suelo, y las sales entran gastando energía, en contra de su concentración; una raíz respira mucho y por eso una planta con las raíces encharcadas se ahoga. Desde los pelos, el agua atraviesa la corteza de la raíz hasta el cilindro central, donde están los vasos que la suben al tallo y las hojas. A la entrada del cilindro hay una capa de células con una banda impermeable que obliga al agua a pasar a través de las células, no entre ellas, y así la planta controla qué deja pasar.
Casi ninguna raíz trabaja sola. El 90 por ciento de las plantas tiene hongos asociados, las micorrizas, que envuelven o penetran la raíz y extienden por el suelo hilos mucho más finos y largos que cualquier pelo radical, a cambio de azúcar. Los pinos plantados en suelos nuevos sin su hongo no crecen. Las legumbres llevan además en las raíces nódulos con bacterias que fijan el nitrógeno del aire. Y entre las raíces de plantas vecinas hay competencia y también avisos: algunas detectan las raíces de otra especie y crecen hacia el lado contrario.
Las raíces que almacenan son buena parte de lo que comemos: la zanahoria, la remolacha, el nabo, el rábano, el boniato y la yuca son raíces engordadas con reservas para el año siguiente; la patata, en cambio, es un tallo subterráneo. Las plantas que viven muchos años guardan en la raíz lo que necesitan para rebrotar tras el invierno, el fuego o el corte, y por eso una pradera segada o quemada vuelve en semanas. La mitad oculta de la planta es también su seguro.
Las partes de una planta – La nutrición de las plantas – La transpiración y el transporte en las plantas – El suelo y los seres vivos – Los hongos
Fuentes
- Peter H. Raven, Ray F. Evert y Susan E. EichhornBiology of PlantsW. H. Freeman, Nueva York, 8.ª edición2013
- Lincoln Taiz, Eduardo Zeiger, Ian M. Møller y Angus MurphyPlant Physiology and DevelopmentSinauer, Sunderland, 6.ª edición2015
- Charles Darwin y Francis DarwinThe Power of Movement in PlantsJohn Murray, Londres1880