El retículo endoplasmático y el aparato de Golgi son el sistema de fábrica, embalaje y reparto de la célula. El primero es una red de membranas plegadas que sale del núcleo y llena buena parte del citoplasma; el segundo es una pila de sacos aplanados, como platos apilados, que recibe lo que fabrica el retículo, lo termina y lo manda a su destino. Entre los dos, una proteína puede salir del ribosoma y acabar en la membrana, en un lisosoma o fuera de la célula sin perderse por el camino.
El retículo tiene dos partes que se ven distintas al microscopio. El retículo rugoso está cubierto de ribosomas por fuera, y de ahí el aspecto granuloso. Esos ribosomas fabrican las proteínas que van a salir de la célula o a formar parte de sus membranas, y las meten dentro del retículo según las van produciendo. Allí la proteína se pliega, se le añaden azúcares y se comprueba que está bien hecha; la que sale mal se destruye. Las células que fabrican mucho para fuera, como las del páncreas que hacen enzimas digestivas o las que hacen anticuerpos, tienen el citoplasma casi lleno de retículo rugoso.
El retículo liso no tiene ribosomas y hace otras cosas. Fabrica lípidos, entre ellos los de todas las membranas y las hormonas esteroides, guarda calcio, y en el hígado destruye tóxicos y medicamentos. Quien toma un fármaco a menudo hace que sus células del hígado fabriquen más retículo liso, y por eso el mismo medicamento dura cada vez menos. En el músculo, el retículo liso es el almacén de calcio que se abre para que la fibra se contraiga.
Lo que sale del retículo viaja al Golgi en pequeñas burbujas de membrana, las vesículas, que se desprenden de una y se funden con la otra. El Golgi lo describió Camillo Golgi en 1898 en células nerviosas, con la técnica de tinción con plata que lleva su nombre, y durante medio siglo hubo quien pensó que era un defecto de la preparación. Es una pila de entre cuatro y ocho sacos con una cara de entrada, pegada al retículo, y una de salida, hacia la membrana. Las proteínas pasan de saco en saco y en cada uno se les recortan o se les añaden azúcares, como si pasaran por estaciones de una cadena de montaje.
En la cara de salida, el Golgi clasifica. Cada proteína lleva una señal química, un trozo de su propia cadena o un azúcar añadido, que dice dónde va, y el Golgi la mete en la vesícula correspondiente. Unas vesículas van a la membrana y sueltan su contenido fuera: es así como una neurona libera sus mensajeros y una célula del estómago su ácido. Otras se quedan dentro como lisosomas, los sacos de enzimas que digieren lo que la célula come o lo que se ha estropeado. Otras se guardan hasta recibir una orden, como la insulina en el páncreas, que solo sale cuando sube el azúcar.
George Palade siguió todo este recorrido en los años sesenta marcando aminoácidos con radiactividad y mirando, minuto a minuto, dónde aparecía la marca: primero en el retículo rugoso, luego en el Golgi, luego en las vesículas y por fin fuera de la célula. Le valió el Nobel en 1974 y es la base de lo que hoy se llama tráfico de membranas. Cuando falla, hay enfermedad: la fibrosis quística se debe a una proteína que se pliega mal y nunca sale del retículo.
Los ribosomas – La membrana celular – El núcleo celular – Las proteínas – Los lípidos
Fuentes
- Camillo GolgiSur la structure des cellules nerveusesArchives italiennes de biologie 301898
- George E. PaladeIntracellular Aspects of the Process of Protein SynthesisScience 189 (4200)1975enlace
- Bruce Alberts y otrosMolecular Biology of the CellW. W. Norton, Nueva York, 7.ª edición2022