Las plantas se mueven. Lo hacen tan despacio que no se nota a simple vista, pero una planta en una ventana se vuelve hacia la luz en un par de días, un girasol sigue al sol de este a oeste, una judía trepa por una caña enroscándose, y las hojas de muchas plantas se abren de día y se cierran de noche. No tienen músculos ni nervios. Lo hacen creciendo más por un lado que por otro, y quien decide qué lado crece son las hormonas vegetales.
El movimiento hacia la luz se llama fototropismo, y su historia empieza con Charles Darwin ya viejo, trabajando con su hijo Francis en el invernadero de su casa. En 1880 publicaron El poder del movimiento en las plantas, un libro con cientos de experimentos con brotes de avena y otras plántulas. Vieron que el brote se doblaba hacia la luz, pero que si tapaban solo la punta con un capuchón opaco, no se doblaba, aunque el resto estuviera iluminado. Y si tapaban todo menos la punta, sí. Concluyeron que la punta veía la luz y mandaba alguna influencia hacia abajo que hacía doblarse a la parte de debajo.

Esa influencia tardó cincuenta años en tener nombre. En 1926 un estudiante holandés, Frits Went, cortó puntas de brotes de avena, las puso sobre cubitos de gelatina para que soltaran en ella lo que fuera, y colocó luego los cubitos, sin punta, sobre brotes decapitados, pero solo en un lado. Los brotes se doblaron hacia el lado contrario: el lado con gelatina había crecido más. Había una sustancia que hacía crecer, y la llamó auxina, del griego crecer. Hoy se sabe que la luz hace que la auxina se acumule en el lado oscuro del tallo, ese lado alarga sus células y el tallo se curva hacia la luz.
La auxina hace muchas más cosas. En la raíz tiene el efecto contrario, frena el crecimiento, y por eso la raíz se curva hacia abajo: la gravedad acumula la auxina en el lado de abajo, ese lado crece menos y la raíz se dobla hacia la tierra. La yema de la punta de un tallo suelta auxina hacia abajo y con ella impide que crezcan las yemas laterales; por eso al cortar la punta de una planta se ramifica, que es lo que hace el jardinero al podar. Y la auxina es lo que hace que un esqueje eche raíces; las hormonas de enraizar que se venden son auxina.
Hay otras hormonas. Las giberelinas hacen crecer los tallos; las plantas enanas suelen tener poca, y las semillas las usan para despertar. Las citoquininas hacen que las células se dividan. El ácido abscísico es la hormona del freno: cierra los estomas en la sequía y mantiene dormidas las semillas y las yemas en invierno. Y el etileno, que es un gas, madura la fruta y hace caer las hojas: una manzana madura suelta etileno y madura a las que tiene al lado, y por eso los plátanos se guardan lejos de otras frutas, y por eso una manzana en la bolsa de los aguacates verdes los madura en un día.
Las plantas también tienen movimientos rápidos, sin crecer. La mimosa cierra las hojas al tocarla en un segundo, y la venus atrapamoscas cierra la trampa en una décima, vaciando de agua unas células y llenando otras. Es lo más parecido a un impulso nervioso que hay en una planta.
Las partes de una planta – La semilla y la germinación – El sistema endocrino – La teoría de la evolución de Darwin – La fotosíntesis
Fuentes
- Charles Darwin y Francis DarwinThe Power of Movement in PlantsJohn Murray, Londres1880
- Frits W. WentWuchsstoff und WachstumRecueil des travaux botaniques néerlandais 251928
- Lincoln Taiz, Eduardo Zeiger, Ian Max Møller y Angus MurphyPlant Physiology and DevelopmentSinauer Associates, Sunderland, 6.ª edición2015