El ojo es el órgano que convierte la luz en señales para el cerebro. Funciona como una cámara: una lente enfoca la imagen sobre una superficie sensible, y de ahí sale la información. Pero la cámara solo capta; ver es lo que el cerebro hace después con esas señales, y es un trabajo tan grande que ocupa más de un tercio de la corteza. Por eso se dice que no se ve con los ojos, sino con el cerebro.
La luz entra por la córnea, la ventana transparente y curva de delante, que ya hace la mayor parte del enfoque. Pasa por la pupila, el agujero del centro del iris, que se abre en la oscuridad y se cierra con la luz. Atraviesa el cristalino, una lente blanda que unos músculos aplanan para ver de lejos y abomban para ver de cerca. Y cruza el interior del ojo, lleno de un gel transparente, hasta llegar a la retina, la capa que tapiza el fondo. Johannes Kepler explicó en 1604 que la imagen se forma en la retina y que llega invertida; el cerebro se encarga de darle la vuelta.

La retina es donde pasa lo importante. Tiene dos tipos de células sensibles a la luz. Los bastones, unos ciento veinte millones, funcionan con poca luz y no distinguen colores: son los que trabajan de noche, y por eso de noche todo se ve gris. Los conos, unos seis millones, necesitan más luz y son de tres clases, cada una sensible a un color, rojo, verde o azul; el cerebro mezcla las tres señales y de ahí salen todos los colores. Quien nace sin una clase de conos es daltónico. Los conos se concentran en un punto pequeño del centro de la retina, la fóvea, que es lo único que ve con nitidez; el resto del campo visual es borroso, aunque no lo parezca, porque los ojos se mueven sin parar.
Cuando la luz llega a un cono o un bastón, cambia la forma de una molécula, y ese cambio pone en marcha una señal eléctrica. Las señales pasan por varias capas de neuronas dentro de la propia retina, que ya hacen un primer procesado, y salen por el nervio óptico, un cable de un millón de fibras. En el punto donde el nervio sale de la retina no hay células sensibles: es el punto ciego, y no se nota porque el cerebro lo rellena con lo que hay alrededor. Las fibras de los dos ojos se cruzan en parte, de modo que cada hemisferio recibe la mitad del campo visual de los dos ojos, y así se calcula la profundidad.
Los defectos más comunes son de enfoque. En la miopía, el ojo es demasiado largo y la imagen de lo lejano se forma delante de la retina. En la hipermetropía, es corto y se forma detrás. Con la edad el cristalino se endurece y ya no puede abombarse para enfocar de cerca: es la vista cansada, y le pasa a casi todo el mundo a partir de los cuarenta y cinco. Las gafas corrigen las tres cosas con una lente delante. Las cataratas son el cristalino que se vuelve opaco, y se operan cambiándolo por uno de plástico.
Los animales ven de otras maneras. Muchos insectos tienen ojos compuestos de miles de facetas, cada una con su lente; las abejas ven el ultravioleta y los perros solo tienen dos tipos de conos. El ojo del pulpo es casi igual que el nuestro, pero evolucionó por separado y tiene la retina puesta al derecho, sin punto ciego.
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Fuentes
- Johannes KeplerAd Vitellionem Paralipomena, quibus Astronomiae pars Optica traditurClaudius Marnius, Fráncfort1604
- Hermann von HelmholtzHandbuch der physiologischen OptikLeopold Voss, Leipzig1867
- Eric R. Kandel, John D. Koester, Sarah H. Mack y Steven A. SiegelbaumPrinciples of Neural ScienceMcGraw Hill, Nueva York, 6.ª edición2021