La contaminación es la entrada en el ambiente de sustancias que hacen daño a los seres vivos, y la bioacumulación es lo que ocurre cuando esas sustancias, en vez de eliminarse, se quedan en los cuerpos y se van concentrando. Un contaminante que se disuelve en agua se orina y se va; uno que se disuelve en grasa se guarda, y cada vez que un animal se come a otro, se lleva todo lo que el otro había guardado a lo largo de su vida. Así, sustancias que en el agua están en cantidades que ningún análisis detecta acaban en el pez grande, en el ave que lo pesca o en la persona que se lo come, mil o un millón de veces más concentradas.
El caso que lo enseñó al mundo fue el del DDT. Era el insecticida milagroso de la posguerra, barato, eficaz contra el mosquito de la malaria y aparentemente inofensivo; el químico que descubrió su uso recibió el Nobel en 1948. Rachel Carson publicó en 1962 Primavera silenciosa, donde reunió lo que muchos científicos ya sabían por partes: que el DDT no se degradaba, que se acumulaba en la grasa de todos los animales, que las aves que comían insectos o peces fumigados morían o ponían huevos con la cáscara tan fina que se rompían al incubarlos. El águila calva, el halcón peregrino y el pelícano pardo casi desaparecieron de Estados Unidos. En 1967 George Woodwell midió la cadena entera en un estuario: el agua tenía 0,00005 partes por millón; el plancton, 0,04; los peces pequeños, uno; las gaviotas y los cormoranes, hasta 75. Un millón de veces más arriba que abajo. El DDT se prohibió en Estados Unidos en 1972 y en casi todo el mundo en 2001, y las aves volvieron.
El mercurio sigue el mismo camino, y es hoy el ejemplo vivo. Sale de las centrales de carbón, de la minería del oro y de los volcanes, llega al mar con la lluvia, y unas bacterias del fondo lo convierten en metilmercurio, una forma que se pega a las proteínas y sube por la cadena alimentaria. Los atunes, los peces espada y los tiburones, arriba de la pirámide del mar y de vida larga, lo llevan a concentraciones que hacen que se recomiende a las embarazadas no comerlos, porque daña el cerebro del feto. En la bahía japonesa de Minamata, donde una fábrica vertió mercurio durante treinta años, miles de personas que vivían del pescado quedaron con parálisis y sus hijos nacieron con daños cerebrales; fue la primera catástrofe conocida de bioacumulación, en los años cincuenta.
No todos los contaminantes se acumulan. Los que lo hacen tienen dos propiedades: se disuelven en grasa y no se degradan, ni por la luz, ni por el agua, ni por las enzimas de los seres vivos. Son los llamados contaminantes orgánicos persistentes, el DDT, los PCB de los transformadores eléctricos, las dioxinas, los retardantes de llama de los muebles y los compuestos perfluorados de las sartenes y los impermeables, que ya están en la sangre de casi toda la población del mundo, y los metales pesados, mercurio, plomo, cadmio. Viajan: el aire y el mar los llevan de las fábricas a los polos, y las focas y los osos polares del Ártico, y las personas que los comen, están entre los animales más contaminados de la Tierra sin que haya una fábrica en mil kilómetros.
Los plásticos son la última entrada. Se rompen en fragmentos cada vez más pequeños que no se degradan, y los microplásticos están hoy en el plancton, en las almejas, en la sal de mesa, en la placenta humana y en la nieve de la Antártida. Su daño se está midiendo; lo que ya se sabe es que llevan pegados otros contaminantes y que los animales que los comen se llenan el estómago sin alimentarse.
La contaminación es una de las cinco grandes causas de la pérdida de biodiversidad, con la pérdida de hábitat, la sobreexplotación, las especies invasoras y el cambio climático. Y es la que mejor ha respondido cuando se ha actuado: el DDT, el plomo de la gasolina, los CFC que agujereaban la capa de ozono, la lluvia ácida de las centrales, todos se redujeron en una generación cuando se prohibieron. Rachel Carson murió de cáncer dos años después de publicar su libro, y el movimiento ambiental moderno empieza con él.
Las pirámides ecológicas – La cadena alimentaria – Los ecosistemas acuáticos – La extinción de las especies – La conservación de las especies
Fuentes
- Rachel CarsonSilent SpringHoughton Mifflin, Boston1962
- George M. Woodwell, Charles F. Wurster y Peter A. IsaacsonDDT Residues in an East Coast Estuary: A Case of Biological Concentration of a Persistent InsecticideScience 156 (3776)1967enlace
- Programa de las Naciones Unidas para el Medio AmbienteGlobal Mercury Assessment 2018PNUMA, Ginebra2019