El cambio climático ya está cambiando a los seres vivos, y no en el futuro sino desde hace décadas. La Tierra está 1,2 grados más caliente que hace ciento cincuenta años por el dióxido de carbono que hemos añadido al aire, y como cada especie vive donde la temperatura y las lluvias le convienen, cuando estas cambian la especie tiene tres salidas: moverse, cambiar o desaparecer. Las tres se están viendo, y la huella es tan coherente que Camille Parmesan y Gary Yohe pudieron demostrar en 2003, con datos de 1.700 especies, que no era casualidad.
La primera respuesta es moverse. Las especies van hacia los polos y hacia arriba, a un ritmo medio de unos 17 kilómetros por década en latitud y 11 metros en altitud, y más las que se mueven fácil. Las mariposas de Europa han subido hacia el norte cientos de kilómetros; los peces del mar del Norte se han ido a aguas más frías y el bacalao ya casi no se pesca donde antes; el mosquito de la malaria trepa a las tierras altas de África donde antes hacía demasiado frío. Las plantas de montaña suben ladera arriba, y las que ya estaban en la cumbre no tienen adónde ir. Los árboles se mueven despacio, una generación cada muchos años, y el clima les está ganando.
La segunda es cambiar el calendario. La primavera llega antes, y los seres vivos lo notan: los árboles brotan y florecen, las aves ponen huevos, las ranas cantan y los insectos salen de media dos o tres semanas antes que en los años cincuenta. Los cerezos de Kioto, cuya floración se anota desde el año 812, florecen hoy antes que en cualquier momento de esos doce siglos. El problema es que no todos cambian al mismo ritmo, y las relaciones se desacoplan. En los bosques de Holanda, las orugas salen ahora antes, siguiendo a los robles, pero el carbonero que las come para criar a sus pollos no ha adelantado tanto la puesta, y los pollos nacen cuando las orugas ya se han ido.
La tercera es adaptarse, y algunas lo hacen. Hay mosquitos, plantas y mariposas en que se han medido cambios genéticos de una generación a otra en respuesta al calor; la selección natural trabaja en tiempo real. Pero la adaptación tiene un ritmo, y un clima que cambia cien veces más deprisa que en las glaciaciones supera al de casi todas las especies con vidas largas. Los arrecifes de coral se blanquean porque el agua sube más de lo que las algas del coral aguantan; los osos polares pierden el hielo desde el que cazan; los pingüinos emperador crían sobre un hielo que se rompe antes de que los pollos tengan plumas.
Y la cuarta es desaparecer. El primer mamífero cuya extinción se atribuye al clima fue un roedor de un islote australiano, borrado por las mareas de tormenta en 2016. Los anfibios de las montañas de Centroamérica han caído en masa, ayudados por un hongo al que el clima cambiado favorece. Chris Thomas y sus colegas estimaron en 2004 que con el calentamiento previsto entre el 15 y el 37 por ciento de las especies estarían en camino de extinguirse a mediados de siglo, y el IPCC mantiene desde entonces cifras del mismo orden: con dos grados, un riesgo alto para una de cada cinco especies evaluadas.
Los ecosistemas entero se desplazan. El bosque boreal avanza sobre la tundra; la sabana sobre la selva seca; el matorral sobre el bosque mediterráneo, con incendios cada vez mayores; el permafrost se derrite y libera el carbono que guardaba, calentando aún más. Al mismo tiempo la vida amortigua: los bosques y el mar absorben la mitad del carbono que emitimos, y conservarlos es una de las herramientas contra el propio cambio. La biosfera ha pasado por climas más cálidos que este, hace millones de años; lo que no había visto nunca es un cambio tan rápido, ni un mundo tan fragmentado por ciudades y campos en el que moverse.
Los biomas – Los arrecifes de coral – La extinción de las especies – El ciclo del carbono – La biosfera
Fuentes
- Camille Parmesan y Gary YoheA globally coherent fingerprint of climate change impacts across natural systemsNature 4212003enlace
- Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and VulnerabilityCambridge University Press, Cambridge2022enlace
- Chris D. Thomas y otrosExtinction risk from climate changeNature 4272004enlace