El agua que bebemos es la misma que bebieron los dinosaurios. La Tierra no gana ni pierde agua: la que hay, unos mil cuatrocientos millones de kilómetros cúbicos, da vueltas sin parar entre el mar, el aire, la tierra y los seres vivos. Ese viaje es el ciclo del agua, y lo mueve el sol. Es el ciclo de la materia más grande y más rápido del planeta, y del que dependen todos los demás, porque sin agua no hay vida ni hay transporte de nada.
Empieza en el mar, que tiene el 97 por ciento de toda el agua. El sol la calienta y una parte se evapora: unos cuatrocientos mil kilómetros cúbicos al año, más de un metro de toda la superficie del océano. El vapor sube, se enfría y se condensa en gotas diminutas alrededor de partículas de polvo o de sal: eso son las nubes. El viento las lleva, y cuando las gotas se juntan y pesan demasiado, caen como lluvia, nieve o granizo. La mayor parte cae de nuevo en el mar. El resto cae en tierra, y ahí es donde el ciclo se complica.

Del agua que cae en tierra, parte corre por la superficie hacia los arroyos, los ríos y los lagos, y de ahí vuelve al mar: es la escorrentía, y es la que llena los embalses y la que en exceso inunda. Parte se filtra en el suelo y baja hasta llenar los huecos de las rocas: es el agua subterránea, que forma acuíferos que pueden tardar siglos en renovarse y que son de donde salen los pozos y los manantiales. Parte queda en la nieve y el hielo, a veces cientos de miles de años: los casquetes polares y los glaciares guardan más de dos tercios de toda el agua dulce. Y parte vuelve al aire directamente, evaporada del suelo o transpirada por las plantas.
Esa última parte es más grande de lo que parece. Las plantas beben por la raíz y sueltan el agua por las hojas en la transpiración, y en un bosque eso es la mayor parte del agua que vuelve al aire. La selva del Amazonas fabrica una parte importante de su propia lluvia: el agua que transpiran los árboles forma las nubes que llueven sobre los árboles de más allá, y cuando se corta el bosque, llueve menos. Los seres vivos no son solo usuarios del ciclo; son parte de su maquinaria.
De toda el agua del planeta, solo el 2,5 por ciento es dulce, y de esa, casi toda está en el hielo o bajo tierra. El agua de los ríos y los lagos, que es la que usamos, es menos de una centésima parte del uno por ciento. Es poca, pero se renueva sin parar: una molécula de agua pasa unos nueve días en el aire, unas semanas en un río, siglos en un acuífero profundo y miles de años en el fondo del mar. Lo que no se renueva a la velocidad a la que se gasta son los acuíferos, y en muchas zonas del mundo se están vaciando con pozos más rápido de lo que la lluvia los llena.
El cambio climático está acelerando el ciclo. Un aire más caliente evapora más y retiene más vapor, así que llueve más fuerte donde llueve y hay más sequía donde no, los glaciares que alimentan los grandes ríos de Asia se encogen, y el nivel del mar sube porque el hielo se derrite y el agua caliente ocupa más sitio. El ciclo sigue cerrado, pero con los platos cambiados de sitio.
Ciclos de la materia – La transpiración y el transporte en las plantas – El ciclo del carbono – Cambio climático – Aguas oceánicas – Medio ambiente
Fuentes
- Servicio Geológico de Estados UnidosThe Water CycleUSGS Water Science School2022enlace
- Igor A. Shiklomanov y John C. RoddaWorld Water Resources at the Beginning of the Twenty-First CenturyCambridge University Press, Cambridge2003
- Michael Begon, Colin R. Townsend y John L. HarperEcology: From Individuals to EcosystemsBlackwell, Oxford, 4.ª edición2006