Los tiburones son peces con el esqueleto de cartílago en vez de hueso, y son uno de los diseños más antiguos y menos cambiados del reino animal. Los primeros aparecen en los fósiles hace unos 420 millones de años, antes que los árboles, y un tiburón de hace 100 millones de años se parece más a uno actual que un dinosaurio a un pájaro. Hay unas 500 especies, desde uno de veinte centímetros que brilla en la oscuridad hasta el tiburón ballena, de dieciocho metros, el pez más grande que existe, que come plancton. Con las rayas, sus parientes aplanados, forman el grupo de los peces cartilaginosos.
El cartílago los hace ligeros y flexibles, pero también los deja sin vejiga natatoria, la bolsa de gas con que los peces de hueso flotan. Un tiburón se hunde si se para, y compensa con un hígado enorme lleno de aceite, que llega a ser una cuarta parte de su peso, y con las aletas y la cola, que lo empujan hacia arriba mientras nada. Muchos tienen que nadar toda su vida para respirar, haciendo pasar el agua por las branquias, y duermen a medias, con una parte del cerebro despierta. La piel está cubierta de escamas diminutas con forma de diente, tan ásperas que se usaba como lija y tan bien diseñadas para reducir la fricción que los trajes de natación las copiaron hasta que los prohibieron.
Los dientes son lo que todo el mundo conoce. Un tiburón no tiene dientes fijos: los lleva en filas, como una cinta transportadora, y cuando uno se cae o se rompe el de detrás avanza a ocuparle el sitio. Un tiburón cambia unos treinta mil dientes en su vida, y por eso los dientes de tiburón son los fósiles más comunes que existen; los del megalodón, extinguido hace tres millones de años, miden dieciocho centímetros y sugieren un animal de dieciséis metros. La forma del diente dice la dieta: puntiagudos para sujetar peces, triangulares y aserrados para cortar carne de foca, planos para machacar conchas.
Sus sentidos son otros. Huelen la sangre a cientos de metros, pero eso no es lo raro. En la cabeza tienen unos poros llenos de gel, las ampollas de Lorenzini, que detectan el campo eléctrico de los músculos de una presa enterrada en la arena, y probablemente el campo magnético de la Tierra, con el que se orientan en migraciones de miles de kilómetros. Una línea a lo largo del cuerpo siente las vibraciones del agua. Y ven en la penumbra mejor que un gato. El tiburón blanco, que ataca a las focas desde abajo, no necesita ver el detalle; le basta la silueta contra la luz, y de ahí que confunda a veces una tabla de surf.
Se reproducen despacio, y es su debilidad. Muchos tardan diez o quince años en madurar, tienen pocas crías, a veces dos, y en varias especies los embriones se comen unos a otros dentro de la madre hasta que quedan uno o dos. El tiburón de Groenlandia vive más de 400 años, madura a los 150 y nada a un kilómetro por hora. Con esa biología, cualquier pesca intensa los agota: Nathan Pacoureau y otros calcularon en 2021 que los tiburones y rayas oceánicos han caído un 71 por ciento desde 1970, y un tercio de las especies está en peligro. Se pescan unos cien millones al año, muchos solo por las aletas para una sopa, y muchos más como captura accidental.
Al revés, matan a unas seis personas al año en todo el mundo, menos que las vacas, los perros o las avispas. El miedo es antiguo, y la película de 1975 lo multiplicó; el propio autor de la novela dedicó el resto de su vida a defenderlos. Son los depredadores de arriba de casi todos los ecosistemas marinos, y donde desaparecen, las rayas se multiplican, se comen las vieiras, y las praderas marinas que las tortugas pastaban sin miedo se agotan. Un mar sin tiburones no es más seguro; es un mar distinto y más pobre.
Los peces – Los vertebrados – Los ecosistemas acuáticos – Los fósiles – La conservación de las especies
Fuentes
- Leonard J. V. Compagno, Marc Dando y Sarah FowlerSharks of the WorldPrinceton University Press, Princeton2005
- Nathan Pacoureau y otrosHalf a century of global decline in oceanic sharks and raysNature 5892021enlace
- A. Peter KlimleyThe Biology of Sharks and RaysUniversity of Chicago Press, Chicago2013