Los peces son los vertebrados que viven en el agua y respiran con branquias. Son el grupo más antiguo y el más numeroso: unas treinta y cinco mil especies, más que todos los demás vertebrados juntos, en los ríos, los lagos, los mares y hasta a once kilómetros de profundidad. Y son en realidad varios grupos distintos, tan distintos que un tiburón está más lejos de un atún que el atún de nosotros.
Respirar en el agua es difícil, porque el agua tiene treinta veces menos oxígeno que el aire y es mucho más densa. La branquia lo resuelve con superficie: son láminas finísimas, apiladas como las hojas de un libro, con la sangre pasando por dentro a un pelo del agua que las baña. Y con un truco: el agua pasa por la branquia en un sentido y la sangre en el contrario, de modo que la sangre siempre se encuentra agua con más oxígeno que ella y no deja de cargarse. El pez traga agua por la boca y la echa por las agallas, y en muchos el movimiento es continuo: un atún que deja de nadar se ahoga.

Los dos grandes grupos son los peces cartilaginosos y los óseos. Los cartilaginosos, tiburones, rayas y quimeras, tienen el esqueleto de cartílago, la piel cubierta de dientes diminutos que la hacen áspera como una lija, y dientes de verdad que se reponen sin parar, en filas. No tienen vejiga natatoria y muchos tienen que nadar siempre para no hundirse. Los tiburones llevan cuatrocientos millones de años casi sin cambiar. Los óseos son todos los demás, con esqueleto de hueso, escamas y una vejiga llena de gas con la que regulan a qué profundidad flotan sin esfuerzo, como el lastre de un submarino.

Nadan con el cuerpo, ondulándolo, y con las aletas dirigen y frenan. La forma de huso del atún, con la cola en media luna, es la más rápida que existe en el agua, y los ingenieros la copian; un atún puede pasar de los setenta kilómetros por hora. Y sienten el agua de una manera que nosotros no tenemos: una línea de poros a cada lado del cuerpo, la línea lateral, detecta las vibraciones y los cambios de presión, y con ella un pez nota a otro pasar en la oscuridad y un banco entero gira a la vez sin chocar.

La mayoría ponen huevos en el agua, muchísimos, un bacalao millones, y no los cuidan, porque casi todos serán comidos. Pero hay de todo: tiburones que paren crías vivas, caballitos de mar cuyo macho lleva los huevos en una bolsa, peces que los incuban en la boca y salmones que suben el río donde nacieron para poner los suyos y morir.
Los peces son la fuente principal de proteína de miles de millones de personas, y la pesca los ha llevado al límite: un tercio de las poblaciones que se pescan están sobreexplotadas, y el bacalao de Terranova, que durante siglos pareció inagotable, se hundió en 1992 y no se ha recuperado. Y de un grupo de peces con aletas carnosas, hace trescientos setenta millones de años, salieron los primeros animales que caminaron por tierra; nosotros somos, en un sentido estricto, peces que salieron del agua.
Los vertebrados – Los anfibios y los reptiles – El sistema respiratorio – Aguas oceánicas – La extinción de las especies
Fuentes
- Georges Cuvier y Achille ValenciennesHistoire naturelle des poissonsF. G. Levrault, París1828
- Gene S. Helfman, Bruce B. Collette, Douglas E. Facey y Brian W. BowenThe Diversity of Fishes: Biology, Evolution, and EcologyWiley-Blackwell, Chichester, 2.ª edición2009
- Kenneth V. KardongVertebrates: Comparative Anatomy, Function, EvolutionMcGraw-Hill, Nueva York, 8.ª edición2019