La migración de los animales

Por qué migran las aves, las ballenas, las mariposas y los ñus, cómo se orientan con el sol, las estrellas y el campo magnético, y qué récords guardan.

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La migración es el viaje que muchos animales hacen cada año entre dos lugares, y de vuelta, siguiendo las estaciones. La golondrina que cría en un pueblo de Castilla pasa el invierno en el Congo. La ballena gris come en el mar de Bering y pare en las lagunas de Baja California, veinte mil kilómetros ida y vuelta. Un millón y medio de ñus dan la vuelta al Serengueti siguiendo la hierba. Las mariposas monarca vuelan cuatro mil kilómetros desde Canadá hasta unos bosques concretos de México donde nunca han estado, porque las que salieron de allí en primavera eran sus bisabuelas. La razón es siempre la misma: el mundo cambia con las estaciones, y hay comida y tiempo para criar en un sitio en verano y en otro en invierno.

El récord de distancia lo tiene el charrán ártico, que cría en el Ártico y pasa el invierno en la Antártida, unos setenta mil kilómetros al año contando los rodeos, y en sus treinta años de vida recorre el equivalente a tres viajes a la Luna. La aguja colipinta vuela de Alaska a Nueva Zelanda sin parar, once días y doce mil kilómetros sobre el mar sin comer ni dormir, tras doblar su peso en grasa. Las aves pequeñas cruzan el Sáhara de noche a tres mil metros, y los vencejos pasan diez meses en el aire sin posarse. Entre los peces, el salmón vuelve del mar al arroyo exacto donde nació, guiado por el olor del agua; las anguilas europeas hacen el camino inverso, de los ríos al mar de los Sargazos, y hasta 2022 nadie las había visto llegar.

Cómo se orientan se descubrió a lo largo del siglo XX con experimentos de una sencillez notable. Gustav Kramer vio en los años cincuenta que los estorninos enjaulados en otoño se agolpaban en el lado de la jaula que daba al suroeste, y que si desviaba el sol con un espejo se desviaban con él: tenían una brújula solar, con un reloj interno que corrige el movimiento del sol. Stephen Emlen crió en 1970 pájaros bajo el cielo de un planetario y demostró que aprenden de jóvenes dónde está el centro de rotación de las estrellas, que en el hemisferio norte es el norte. Y los Wiltschko demostraron en 1972 que los petirrojos en una habitación cerrada seguían orientándose, y que un imán los desviaba: sienten el campo magnético de la Tierra. Cómo lo hacen sigue sin estar del todo claro; se sospecha de una proteína del ojo que reacciona a la luz de forma distinta según el campo, de manera que quizá lo vean.

El mapa lo aprenden. Los jóvenes de muchas especies llevan de nacimiento la dirección y la distancia, un programa que les dice vuela hacia el suroeste durante seis semanas, y por eso los cucos, que nunca conocen a sus padres, llegan solos a África. Pero los adultos conocen el camino y lo corrigen: un experimento de 1958 llevó estorninos de Holanda a Suiza, y los adultos compensaron el desplazamiento y llegaron a su invernada de siempre en Inglaterra, mientras los jóvenes siguieron la dirección programada y acabaron en España. La memoria de los lugares, el olor, los ríos y las costas se suman a las brújulas.

La migración cuesta. Un ave pequeña gasta en el viaje reservas que tardó semanas en acumular, y muchas mueren en el camino, por tormentas, por depredadores, por agotamiento. Compensa porque criar en el norte, con sus días de dieciocho horas y su explosión de insectos, da más pollos que quedarse en el trópico, donde hay competencia todo el año. Es una cuenta que la selección natural ha hecho para cada especie, y que puede cambiar: los mirlos y las cigüeñas de Europa central migran hoy menos que hace cincuenta años, porque los inviernos son más suaves y los vertederos dan de comer.

El cambio climático la está desajustando, adelantando la primavera en el norte más de lo que las aves adelantan su llegada, y las presas, las carreteras, las luces de las ciudades y los rascacielos matan a cientos de millones de migradores al año. Las rutas de la migración son las venas del planeta, y conservar una especie migradora exige proteger no un lugar sino toda una cadena de ellos, en países distintos, con leyes distintas.

Las aves – La hibernación – El reloj biológico – Las ballenas y los delfines – El cambio climático y los seres vivos

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Fuentes

  1. Wolfgang Wiltschko y Roswitha WiltschkoMagnetic Compass of European RobinsScience 176 (4030)1972enlace
  2. Hugh DingleMigration: The Biology of Life on the MoveOxford University Press, Oxford, 2.ª edición2014
  3. Stephen T. EmlenCelestial rotation: its importance in the development of migratory orientationScience 170 (3963)1970enlace
Laura I Telleria (2025). "La migración de los animales". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-migracion-de-los-animales/

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