La ecolocalización

Orientarse por el eco del propio sonido: cómo lo hacen murciélagos y delfines, cómo se descubrió y cómo algunas personas ciegas lo aprenden.

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La ecolocalización es la manera de saber dónde están las cosas escuchando el eco de un sonido propio. El animal emite un grito, el sonido choca contra lo que hay alrededor y vuelve, y del tiempo que tarda en volver, de cómo vuelve de fuerte y de cómo ha cambiado, el cerebro reconstruye una imagen de lo que hay delante, a qué distancia, de qué tamaño y hacia dónde se mueve. Es un sentido que funciona en la oscuridad total, y lo han inventado por separado los murciélagos, los delfines, algunas aves de cueva y unos pocos mamíferos más. Es el sonar y el radar, pero millones de años antes.

Se sospechaba desde el siglo XVIII. Lazzaro Spallanzani cegó murciélagos en 1793 y vio que seguían volando perfectamente entre hilos colgados del techo, y que si les tapaba los oídos se estrellaban; no supo explicarlo, porque no oía nada, y la idea de que un animal viera con los oídos parecía absurda. La explicación llegó en 1938, cuando Donald Griffin, aún estudiante, llevó murciélagos al laboratorio de un físico que tenía un aparato para detectar ultrasonidos, y el aparato empezó a crepitar: los murciélagos gritaban sin parar, en frecuencias que ningún oído humano capta. Griffin puso el nombre en 1944 y dedicó a ello su vida.

Los murciélagos emiten pulsos de entre 20 y 200 kilohercios, diez veces por encima de lo que oímos, con la boca o con la nariz, a veces a un volumen que, si lo oyéramos, sería el de un martillo neumático. Las frecuencias altas dan detalle, porque una onda corta rebota en objetos pequeños, pero se apagan enseguida en el aire, así que la ecolocalización de un murciélago alcanza unos pocos metros. Mientras vuelan de crucero emiten unos diez pulsos por segundo; al detectar una presa aceleran hasta doscientos, en lo que se llama el zumbido final, y ajustan la frecuencia para que el eco de la polilla no se les mezcle con el de la rama. Distinguen el aleteo de un insecto por cómo cambia el tono del eco, y algunos pescan sintiendo la onda de un pez bajo la superficie. Para no quedarse sordos con su propio grito, un músculo del oído medio se contrae en el momento de gritar y se relaja para escuchar.

Los delfines lo hacen en el agua, donde el sonido va cinco veces más deprisa. Emiten chasquidos de un milisegundo con unos labios internos de la nariz, los enfocan con el melón, una lente de grasa en la frente, y reciben el eco por la mandíbula, que conduce el sonido hasta el oído. Whitlow Au midió durante décadas lo que son capaces de hacer: detectar una bola de acero de dos centímetros a cien metros, distinguir un cilindro de cobre de uno de aluminio, saber si un pez está lleno o vacío, porque el eco del aire de la vejiga natatoria es distinto. Los cachalotes usan chasquidos de tal potencia que se cree que aturden a los calamares.

Algunas personas lo aprenden. Muchas personas ciegas notan los obstáculos por el eco de sus pasos y del bastón, y unas pocas lo han desarrollado hasta un nivel que asombra: chasquean la lengua y con el eco montan en bicicleta, juegan al baloncesto o describen un objeto sin tocarlo. Lore Thaler y sus colegas han visto con resonancia que en esas personas los ecos activan la corteza visual del cerebro, la zona que en los demás procesa lo que ven; el cerebro usa el sonido para hacer lo que haría con la luz. Es un ejemplo extremo de plasticidad, y puede enseñarse.

La ecolocalización es un caso de libro de convergencia: murciélagos y delfines la desarrollaron por separado, y sin embargo comparten cambios idénticos en el mismo gen del oído, la prestina, que ajusta la sensibilidad a los tonos altos. La física del sonido deja pocas soluciones buenas, y la evolución las encontró dos veces. Copiarla dio el sonar en la Primera Guerra Mundial, la ecografía en los años cincuenta y los sensores de aparcamiento; en todos los casos la naturaleza llevaba cincuenta millones de años de adelanto.

Los murciélagos – Las ballenas y los delfines – El oído y la audición – La evolución convergente – El cerebro

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Fuentes

  1. Donald R. GriffinListening in the Dark: The Acoustic Orientation of Bats and MenYale University Press, New Haven1958
  2. Whitlow W. L. AuThe Sonar of DolphinsSpringer, Nueva York1993
  3. Lore Thaler y Melvyn A. GoodaleEcholocation in humans: an overviewWIREs Cognitive Science 7 (6)2016enlace
Laura I Telleria (2026). "La ecolocalización". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-ecolocalizacion/

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