La memoria es la capacidad del cerebro de guardar lo que ha pasado y de usarlo después. No es un solo archivo sino varios sistemas distintos, en lugares distintos del cerebro, que guardan cosas distintas y fallan por separado. Y no funciona como una grabación: cada recuerdo se reconstruye al recordarlo, y en cada reconstrucción cambia un poco. Lo que se sabe de ella viene en buena parte de personas que la perdieron, de un caracol marino y de las sinapsis de un ratón.
Se distinguen por su duración. La memoria de trabajo mantiene unas pocas cosas, un número de teléfono, la primera parte de esta frase, durante unos segundos, mientras se usan; cabe en ella poco, unos cuatro o siete elementos, y está en la corteza prefrontal. La memoria a largo plazo es lo demás, y puede durar toda la vida. Y se distinguen por su contenido. La memoria declarativa es la que se puede contar: los hechos, que París es la capital de Francia, y los episodios, qué se cenó ayer, con quién, dónde. La memoria de procedimiento es la que no se puede contar y se hace: montar en bicicleta, atarse los zapatos, tocar una escala, leer. Y hay memorias más simples aún, el hábito, el reflejo aprendido, el miedo condicionado, que comparten todos los animales.
El paciente que lo enseñó se llamaba Henry Molaison, conocido durante medio siglo como H. M. En 1953, para curarle una epilepsia grave, un cirujano le extirpó de los dos lados el hipocampo y las estructuras vecinas. La epilepsia mejoró y Henry perdió la capacidad de formar recuerdos nuevos: hasta su muerte en 2008 no aprendió una cara, un nombre ni una noticia, y saludaba cada mañana como a una desconocida a Brenda Milner, que lo estudió durante décadas. Conservaba los recuerdos de antes de la operación, la inteligencia, el lenguaje y la memoria de trabajo. Y Milner descubrió que aprendía habilidades: mejoraba día a día en dibujar una estrella mirándose en un espejo, sin recordar haberlo hecho nunca. Con un solo paciente quedaron claras tres cosas: que el hipocampo es necesario para grabar recuerdos nuevos pero no para guardar los viejos, que la memoria de hechos y la de habilidades van por separado, y que se puede aprender sin saber que se aprende.
Un recuerdo es un cambio en las conexiones entre neuronas. Eric Kandel lo demostró a partir de los años sesenta en Aplysia, un caracol marino con veinte mil neuronas grandes. Si se le toca la branquia la retrae; si se le toca muchas veces sin consecuencias, deja de hacerlo, se habitúa; si el toque va seguido de una descarga, la retrae más fuerte durante días. Kandel siguió esos aprendizajes hasta la sinapsis: la memoria de corto plazo es más o menos neurotransmisor liberado en una conexión que ya existe, y la de largo plazo exige que la neurona active genes, fabrique proteínas y construya sinapsis nuevas. Un recuerdo duradero es anatomía. Fue el Nobel de 2000, y el mismo mecanismo, la potenciación a largo plazo, se ha medido en el hipocampo de los mamíferos: las conexiones que se usan juntas se refuerzan.
Guardar un recuerdo lleva tiempo. Lo que se vive de día se graba primero en el hipocampo, y durante el sueño el hipocampo lo repite y lo va pasando a la corteza, donde acaba guardado de forma distribuida; por eso H. M. conservó los recuerdos antiguos, que ya estaban en la corteza, y por eso una mala noche borra lo estudiado la tarde anterior. Ese traslado se llama consolidación y puede durar años. Cada vez que se recuerda algo, el recuerdo se vuelve frágil un rato y se vuelve a guardar, con lo que se haya añadido: es así como los recuerdos se deforman, se contaminan con lo que otros cuentan y se pueden implantar falsos con una pregunta bien hecha, algo que los tribunales han tardado en aceptar.
Olvidar no es un fallo. El cerebro poda lo que no usa para que lo que importa destaque, y las pocas personas con una memoria autobiográfica casi total describen la carga como un peso. Lo que sí es enfermedad es el alzhéimer, que empieza justo en el hipocampo y en las neuronas que lo alimentan, y que repite la historia de H. M. en millones de personas: se pierde primero lo nuevo y lo viejo se queda hasta el final.
El cerebro – La neurona – El sueño – El sistema nervioso – El envejecimiento
Fuentes
- William Beecher Scoville y Brenda MilnerLoss of recent memory after bilateral hippocampal lesionsJournal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry 20 (1)1957enlace
- Eric R. KandelThe Molecular Biology of Memory Storage: A Dialogue Between Genes and SynapsesScience 294 (5544)2001enlace
- Larry R. Squire y Eric R. KandelMemory: From Mind to MoleculesRoberts & Company, Greenwood Village, 2.ª edición2009