La huella genética es la manera de identificar a una persona por su ADN. No hace falta leer los tres mil millones de letras del genoma: basta con mirar unas veinte regiones pequeñas que varían muchísimo de una persona a otra y anotar qué variante tiene cada una. La combinación es única para cada individuo salvo los gemelos idénticos, se saca de una gota de sangre, un pelo, una colilla o una huella de sudor, y desde finales de los años ochenta ha cambiado la justicia penal, las pruebas de paternidad y la identificación de víctimas tanto como lo hicieron las huellas dactilares un siglo antes.
La descubrió por accidente Alec Jeffreys, en la Universidad de Leicester, la mañana del 10 de septiembre de 1984. Estudiaba un gen de una familia y usaba una sonda que se pegaba a unas secuencias repetidas; al revelar la placa vio que el patrón de bandas era distinto en cada miembro de la familia, y que el de cada hijo era una mezcla del de sus padres. Se dio cuenta en el acto de para qué servía aquello. Las regiones que había encontrado son los minisatélites: trozos de ADN donde una secuencia corta se repite muchas veces seguidas, y el número de repeticiones cambia de persona a persona porque la maquinaria que copia el ADN se equivoca a menudo al contarlas.
El primer uso fue civil. En 1985 un niño de Ghana iba a ser expulsado de Reino Unido porque las autoridades dudaban de que fuera hijo de la mujer que decía ser su madre. Jeffreys comparó el ADN de la madre, del niño y de sus hermanos y demostró la relación; el niño se quedó. El primer caso penal fue en 1986, en dos pueblos cerca de Leicester, donde dos chicas habían sido violadas y asesinadas con tres años de diferencia. Un joven había confesado el segundo crimen. El ADN dijo que el mismo hombre había cometido los dos y que no era él: fue la primera persona exonerada por una prueba genética. La policía tomó sangre a cinco mil hombres de la zona sin encontrar al culpable, hasta que alguien contó en un bar que un compañero le había pedido que diera la muestra en su lugar. Colin Pitchfork fue condenado en 1988.
La técnica actual es distinta y mucho más sensible. Se usan microsatélites, repeticiones aún más cortas, de cuatro letras, y se amplifican con la PCR, de modo que sirve una cantidad de ADN minúscula, unas pocas células. Cada región analizada tiene en la población entre diez y veinte variantes, y una persona lleva dos, una de cada progenitor. Con veinte regiones, la probabilidad de que dos personas no emparentadas coincidan por azar es de una entre miles de billones, más que los seres humanos que han existido. El resultado es una lista de cuarenta números, que es lo que se guarda en las bases de datos policiales.
La herencia hace el resto. Como cada variante viene de un padre o del otro, la paternidad se resuelve comparando: el hijo tiene que tener en cada región una variante de la madre y otra del supuesto padre. Con el ADN de las mitocondrias, que se hereda solo de la madre, y el del cromosoma Y, que pasa solo de padre a hijo, se siguen líneas familiares de siglos: así se identificaron los restos de la familia del zar Nicolás II y los de Ricardo III, aparecidos bajo un aparcamiento de Leicester en 2012.
La huella genética tiene también sus límites y sus abusos. Una muestra se contamina con facilidad y un laboratorio puede equivocarse; una coincidencia con la base de datos no dice cómo llegó ese ADN al lugar; y guardar el perfil de millones de personas, incluidas las nunca condenadas, es una cuestión de derechos que cada país ha resuelto de manera distinta. La tendencia más reciente, buscar al culpable a través de parientes lejanos en bases de datos de genealogía comerciales, atrapó en 2018 a un asesino en serie de California cuarenta años después y abrió un debate que sigue.
La PCR y la secuenciación del ADN – El genoma humano – Las leyes de Mendel – Los cromosomas – La bioética
Fuentes
- Alec J. Jeffreys, Victoria Wilson y Swee Lay TheinHypervariable 'minisatellite' regions in human DNANature 3141985enlace
- Alec J. Jeffreys, John F. Y. Brookfield y Robert SemeonoffPositive identification of an immigration test-case using human DNA fingerprintsNature 3171985enlace
- John M. ButlerFundamentals of Forensic DNA TypingAcademic Press, San Diego2010