La bioética

La bioética decide qué hacer con lo que la biología permite: editar embriones, clonar, experimentar. De dónde viene, sus cuatro principios y sus casos.

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La bioética es la disciplina que se pregunta qué se debe hacer con lo que la biología y la medicina pueden hacer. La biología dice cómo clonar una oveja, cómo editar un embrión, cómo mantener con vida a alguien sin cerebro, cómo leer el genoma de un recién nacido; no dice si hay que hacerlo, para quién, con qué límites ni quién decide. Esas preguntas son de otro orden, y la bioética nació cuando se hizo evidente que dejarlas en manos de los propios científicos y médicos no había bastado.

Nació de los abusos. El código de Núremberg de 1947, escrito tras los juicios a los médicos nazis que experimentaron con prisioneros, fijó por primera vez que nadie puede ser objeto de un experimento sin su consentimiento libre e informado. No bastó. En 1972 se supo que el servicio de salud de Estados Unidos había seguido durante cuarenta años a cuatrocientos hombres negros de Alabama con sífilis, en Tuskegee, sin tratarlos ni decírselo, para ver cómo evolucionaba la enfermedad, incluso después de que la penicilina la curara. Ese mismo año se conoció el caso de Henrietta Lacks, cuyas células de cáncer, tomadas en 1951 sin permiso, se habían convertido en la línea celular más usada del mundo sin que su familia lo supiera. De ahí salieron los comités de ética que hoy revisan cualquier investigación con personas, y la palabra misma, que el bioquímico Van Rensselaer Potter propuso en 1971 con un sentido más amplio, el de un puente entre la ciencia y los valores.

También los científicos se pusieron límites solos, una vez. En 1975, cuando acababa de inventarse la manera de cortar y pegar ADN entre especies, Paul Berg reunió en Asilomar, en California, a los biólogos moleculares del mundo, que decidieron una moratoria voluntaria sobre los experimentos más arriesgados hasta tener normas de seguridad. Las normas se escribieron, la moratoria se levantó, y de aquel ADN recombinante salieron la insulina de bacterias y los transgénicos. Asilomar se cita como modelo y como advertencia: funcionó porque la comunidad era pequeña y estaba de acuerdo, y no se ha repetido con éxito.

Tom Beauchamp y James Childress dieron en 1979 el marco que se usa en los hospitales. Cuatro principios: la autonomía, que la persona decide sobre su cuerpo, de donde sale el consentimiento informado y el derecho a rechazar un tratamiento; la beneficencia, hacer el bien al paciente; la no maleficencia, no hacer daño, el más antiguo, ya en Hipócrates; y la justicia, repartir con equidad los recursos, las camas, los órganos, las vacunas. Los principios chocan entre sí a menudo, y la bioética no es aplicar una regla sino sopesarlos en cada caso: un paciente que rechaza una transfusión que lo salvaría enfrenta la autonomía con la beneficencia, y la respuesta actual en casi todo el mundo es que su decisión vale.

Los casos que la ocupan cambian con la técnica. El principio y el final de la vida: el aborto, la fecundación in vitro y los embriones sobrantes, el diagnóstico de embriones antes de implantarlos, la eutanasia y el derecho a morir, el trasplante de órganos y la definición de muerte cerebral, que se acordó en 1968 justamente para que se pudieran trasplantar corazones. La genética: qué hacer con la información de un genoma, si se le puede decir a alguien que va a tener Huntington a los cuarenta, si el seguro puede saberlo, si se puede editar un embrión, y si hay diferencia entre curar y mejorar. La investigación: con qué animales, con qué límites, y qué pasa con las células madre embrionarias. Y en los últimos años, la justicia global, quién recibe la vacuna primero, y los datos, quién es dueño de las secuencias de millones de personas.

La bioética no da respuestas únicas, porque las sociedades no las tienen: la eutanasia es legal en unos países y delito en otros, y la edición de embriones que en China llevó a un científico a la cárcel tiene defensores. Lo que hace es obligar a que la pregunta se haga antes y en público, y no después y en privado. La biología avanza más deprisa que el acuerdo sobre qué hacer con ella, y esa distancia es el lugar donde la bioética trabaja.

CRISPR y la edición genética – La clonación – Las células madre – El genoma humano – La huella genética

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Fuentes

  1. Tom L. Beauchamp y James F. ChildressPrinciples of Biomedical EthicsOxford University Press, Nueva York, 8.ª edición2019
  2. Paul Berg y otrosSummary statement of the Asilomar Conference on Recombinant DNA MoleculesProceedings of the National Academy of Sciences 72 (6)1975enlace
  3. Van Rensselaer PotterBioethics: Bridge to the FuturePrentice-Hall, Englewood Cliffs1971
Laura I Telleria (2024). "La bioética". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-bioetica/

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