La domesticación de las plantas es el proceso por el que unas cuantas hierbas silvestres se convirtieron, en manos humanas, en los cultivos que alimentan al mundo. Empezó hace unos once mil años en el Próximo Oriente con el trigo, la cebada y las lentejas, y ocurrió por separado, sin contacto entre unos y otros, en al menos otros seis lugares: el arroz y el mijo en China, el maíz, la judía y la calabaza en México, la patata y la quinoa en los Andes, el sorgo en África, la caña de azúcar y el plátano en Nueva Guinea. Fue el cambio más importante de la historia humana, porque de él salieron las ciudades, la escritura y todo lo demás, y fue también un experimento evolutivo: la selección, pero hecha por personas.
Al principio nadie quería domesticar nada. Los recolectores cogían las semillas de las hierbas silvestres, y al hacerlo seleccionaban sin saberlo. Una espiga de trigo silvestre se rompe al madurar y esparce el grano, y la que por una mutación no se rompe se queda con el grano en el tallo, esperando a que la coja alguien; en la naturaleza esa mutación es un desastre, pero era justo la planta que el recolector se llevaba a casa y de cuyo grano se sembraba el año siguiente. Al cabo de siglos, todo el trigo del campo era del que no se rompe. Lo mismo pasó con la germinación: las semillas silvestres esperan a veces años, y las que germinaban en cuanto se sembraban eran las que se cosechaban. Y con el tamaño, la falta de espinas, el sabor menos amargo. El resultado es una planta que ya no puede vivir sin nosotros: el maíz no puede dispersar su grano, envuelto en la mazorca.
El maíz es el caso extremo. Su antepasado, el teosinte, es una hierba mexicana con una espiga de una docena de granos duros como piedras, envueltos cada uno en su cáscara, y nadie que lo viera pensaría que es lo mismo. John Doebley demostró en los años noventa que la diferencia está en unos pocos genes, cinco o seis, cada uno con un efecto grande: uno que quita la cáscara al grano, otro que impide que la planta se ramifique y concentra todo en una mazorca, y así. Un puñado de mutaciones y unos milenios de ojo campesino separan la hierba del maíz.
Nikolái Vavílov recorrió los cinco continentes entre 1916 y 1940 reuniendo semillas y encontró que cada cultivo tenía un centro de origen donde su variedad era mayor, y que esos centros eran pocos, montañosos y templados. Los cultivos son muy pocos. De las trescientas mil especies de plantas, la humanidad ha domesticado unas doscientas y come sobre todo de doce, y tres de ellas, el trigo, el arroz y el maíz, dan más de la mitad de las calorías del mundo. Jared Diamond ha explicado por qué: casi todas las plantas silvestres son inservibles, venenosas, pequeñas o imposibles de cultivar, y las pocas que servían ya fueron domesticadas hace milenios. No es que los pueblos de otros sitios no supieran; es que no tenían con qué.
La domesticación no terminó. Desde que se entendió la genética, la mejora se hizo a propósito: cruces dirigidos, híbridos que dan el doble, trigos enanos que no se caen con el peso del grano y que en los años sesenta, en la revolución verde, evitaron hambres que se daban por seguras en Asia. Y desde los noventa, transgénicos y edición genética, que hacen en un año lo que antes tomaba veinte. El precio ha sido la uniformidad: la mayor parte de las variedades locales que Vavílov recogió han desaparecido de los campos, y sobreviven en bancos de semillas como el de Svalbard, bajo el hielo de Noruega, porque cuando una plaga nueva ataque al trigo habrá que buscar la resistencia en un trigo antiguo. Vavílov murió de hambre en una cárcel de Stalin en 1943, y sus colaboradores en Leningrado murieron de hambre durante el asedio antes que comerse la colección.
La domesticación de los animales – La selección natural – Los organismos transgénicos – La semilla y la germinación – Las mutaciones
Fuentes
- Jared DiamondEvolution, consequences and future of plant and animal domesticationNature 4182002enlace
- John Doebley, Brandon S. Gaut y Bruce D. SmithThe Molecular Genetics of Crop DomesticationCell 127 (7)2006enlace
- Nikolái I. VavílovOrigin and Geography of Cultivated PlantsCambridge University Press, Cambridge (traducción de textos de 1926-1940)1992