Un organismo transgénico es un ser vivo al que se le ha metido un gen de otra especie. Una bacteria con el gen humano de la insulina, un maíz con un gen de otra bacteria que mata orugas, un salmón con un gen de crecimiento de otro pez, un ratón con un gen de medusa que lo hace brillar en verde. Es posible porque el código genético es el mismo en todos los seres vivos: un gen dice lo mismo en cualquier célula, y la célula que lo recibe fabrica la proteína sin saber de dónde viene.
La técnica nació en 1973. Stanley Cohen y Herbert Boyer cortaron ADN de dos bacterias distintas con una enzima que reconoce una secuencia concreta, pegaron los trozos con otra enzima y metieron el resultado en una bacteria, que lo copió y lo transmitió a sus hijas. Al año siguiente lo hicieron con un gen de sapo. En 1978 la empresa Genentech, fundada por Boyer, puso el gen humano de la insulina en Escherichia coli, y desde 1982 la insulina de los diabéticos sale de tanques de bacterias, no del páncreas de cerdos y vacas. Hoy casi todos los medicamentos de proteína, la hormona del crecimiento, los factores de coagulación, las vacunas de la hepatitis B y muchos anticuerpos se fabrican así.
Con animales costó más. En 1982 Richard Palmiter y Ralph Brinster inyectaron el gen de la hormona del crecimiento de rata en óvulos fecundados de ratón, y nacieron ratones del doble de tamaño; la foto de un ratón gigante junto a su hermano normal dio la vuelta al mundo. Los ratones transgénicos son desde entonces la herramienta principal de la biomedicina: se les añade un gen humano de una enfermedad para estudiarla, o se les quita uno para saber qué hace. Hay cabras que dan en la leche una proteína humana contra la trombosis, y cerdos con genes editados para que sus órganos no sean rechazados por una persona.
En las plantas se usa un truco de la propia naturaleza. Una bacteria del suelo, Agrobacterium, infecta plantas metiéndoles un trozo de su ADN, que las obliga a fabricar un tumor donde la bacteria vive. Se le quita a ese trozo lo que hace daño, se le pone el gen que interesa y la bacteria hace el trabajo. Así se hicieron los cultivos transgénicos que se plantan desde 1996 en unos 190 millones de hectáreas, sobre todo soja, maíz, algodón y colza, y sobre todo con dos genes: uno de Bacillus thuringiensis que fabrica una proteína tóxica para las orugas y no para nosotros, y otro que hace a la planta resistente a un herbicida, de modo que se puede fumigar el campo sin matar el cultivo. Hay también una papaya que salvó la cosecha de Hawái de un virus, y un arroz dorado con genes de la vitamina A pensado para los países donde su falta deja ciegos a los niños.
Lo que dice la evidencia, tras veinticinco años y miles de estudios, es que comer transgénicos no ha hecho daño a nadie: el gen extraño y su proteína se digieren como todos los demás. Los efectos sobre el campo son más matizados. El maíz Bt ha reducido de verdad el uso de insecticidas; los cultivos resistentes al herbicida han aumentado el uso del herbicida y han hecho aparecer malas hierbas resistentes, como pasa con los antibióticos. Y buena parte de la oposición no es a la técnica sino a que unas pocas empresas tengan la patente de las semillas y el agricultor no pueda guardar las suyas.
Europa cultiva muy pocos y los etiqueta; América y Asia cultivan muchos. La llegada de CRISPR ha vuelto a abrir la cuestión, porque una planta editada no lleva ADN de otra especie y es indistinguible de una mutación natural, y varios países han decidido que no es un transgénico y no necesita las mismas pruebas. La discusión sobre qué es natural y qué no lo es tiene más que ver con la bioética que con la biología.
CRISPR y la edición genética – Las bacterias – El código genético – La domesticación de las plantas – La bioética
Fuentes
- Stanley N. Cohen, Annie C. Y. Chang, Herbert W. Boyer y Robert B. HellingConstruction of Biologically Functional Bacterial Plasmids In VitroProceedings of the National Academy of Sciences 70 (11)1973enlace
- Richard D. Palmiter y otrosDramatic growth of mice that develop from eggs microinjected with metallothionein–growth hormone fusion genesNature 3001982enlace
- National Academies of Sciences, Engineering, and MedicineGenetically Engineered Crops: Experiences and ProspectsThe National Academies Press, Washington2016enlace